El desafío independentista
Javier Gallego

Del diálogo con Madrid a la prisión

El líder de ERC suma ya 313 días en la cárcel, donde ha redirigido la hoja de ruta del partido hacia posiciones más comedidas

El viaje al centralismo político de ERC tiene un rostro visible: Oriol Junqueras. El ex vicepresidente del Govern, que hoy acumula ya 313 días en prisión, alcanzó la presidencia de Esquerra en 2011, cuando el partido atravesaba horas bajas –a nivel electoral y a nivel interno con guerras fraticidas–, y ha conseguido reimpulsarlo hasta aspirar convertirlo en primera fuerza política en Cataluña, algo que no pudo confirmar en las últimas elecciones del 21 de diciembre, cuando los republicanos acusaron sobremanera el encarcelamiento de su líder y se desinflaron en el sprint final.

Junqueras ha relanzado a ERC con dos claras apuestas: la penetración en el área metropolitana de Barcelona, donde siempre ha flojeado electoralmente –que está intentando con la «operación Rufián»–; y, la imagen de partido responsable en la gestión de la Generalitat tras los años de tripartito. Si bien, también se ha marcado como reto el viaje al centralismo, lo que ha intentado forjar en base a su papel como principal interlocutor con Madrid con el anterior Gobierno español presidido por Mariano Rajoy, maniobra que finalmente naufragó en la recta final del «procés», y con su apuesta por contemporizar en el proyecto rupturista.

El líder de ERC se convirtió en el principal protagonista de la operación diálogo impulsada por el anterior ejecutivo español. La ex vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, escogió a Junqueras como interlocutor para destensar las relaciones con la Generalitat, y aunque en un principio la operación parecía destinada al éxito, la fase decisiva del «procés» arrolló cualquier intento de mejorar los puentes de diálogo entre administraciones. A Junqueras, precisamente, siempre se le ha acusado de «ponerse de perfil» en los momentos cruciales del proyecto independentista, papel que mantuvo en el momento más trascendal el 27 de octubre. En aquella jornada tan convulsa, Junqueras se quedó en un segundo plano cuando Carles Puigdemont tenía que escoger entre la DUI o convocar elecciones, mientras Marta Rovira y otros rostros visible del partido republicano empujaron explícitamente hacia la DUI. Una actitud que Puigdemont se cobró sólo 48 después, cuando emprendió una fuga sin dar cuenta a su vicepresidente.

Ahora, Junqueras reivindica haber permanecido en territorio español, aunque sea en prisión, donde ha redirigido la hoja de ruta de ERC hacia posiciones más largos placistas y comedidas. A pesar de que la ponencia política surgida del último cónclave de los republicanos no descartara la vía unilateral hacia la independencia, lo cierto es que las últimas declaraciones de los primeros espadas invitan a pensar que la desobediencia parece desterrada de Esquerra. Asimismo, en los entornos empresariales, también se atribuye a Junqueras un proyecto con más futuro y menos «radicalizado» que el de Puigdemont.