Atentado en Barcelona
Ricardo Coarasa

Testigos del 17-A, sobre Younes: «Parecía un muñeco sin ninguna expresión facial»

A los testigos del atentado les sorprendió la frialdad del terrorista durante el atropello

El autor material del atentado terrorista en Las Ramblas el pasado 17 de agosto actuó con absoluta frialdad. Así lo reflejan los testimonios de casi una treintena de testigos que explicaron a los Mossos d´Esquadra, horas después del ataque, lo que vivieron durante esos angustiosos minutos durante los cuales Younnes Abouyaaqoub arrolló indiscriminadamente, al volante de una furgoneta Fiat Talento, a todo el que se cruzaba en su camino.

La Policía autonómica remitió el pasado 2 de noviembre al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu –instructor de la causa en la que se investigan los atentados de Barcelona y Cambrils– una relación de 28 testimonios de vecinos y turistas recogidos en el mismo lugar de los atropellos. A varios de ellos les llamó la atención el semblante del terrorista mientras atropellaba a los viandantes. A Fátima S. M. A., que se encontraba trabajando en la parada número 36 de la Rambla, le sorprendió «ver que el conductor de la furgoneta iba sin ningún tipo de gesto en la cara», según reflejan los Mossos en el oficio enviado al magistrado. «Parecía un muñeco sin ningún tipo de expresión facial», explicó a los agentes.

«Iba atropellando a familias», recordó Fátima, que explicó que la furgoneta se dirigió a su parada «pero de repente giró delante a un metro de distancia». Al pasar a su lado, «aceleró más y con zig zag atropellaba a todo el mundo».

Una impresión similar le causó a Ouafae L., a quien le impactó que el terrorista «se mantenía totalmente inmóvil mirando hacia adelante » mientras «empezaba a atropellar a la gente que estaba paseando por la zona». La testigo, que se encontraba en el restaurante Aromas de Estambul pudo observar cómo Abouyaaqoub «cambiaba de marcha para ganar velocidad» y multiplicar así el número de víctimas.

La descripción del conductor de la furgoneta que efectuaron los testigos resulta ser bastante coincidente y permitió a los Mossos acotar las características físicas del terrorista, que fue abatido cuatro días después en Subirats (Barcelona). Lo describieron –según deja constancia la Policía catalana en ese oficio– como un hombre de entre 25 y 30 años, «posiblemente árabe, de 160 a 175 centímetros de altura, pelo de color negro muy corto por los laterales y más largo en el resto, barba corta, complexión delgada, piel oscura» y vestido con camiseta blanca con rayas azules, de manga corta y sin cuello, pantalones negros y gafas de sol.

Uno de los testigos, Héctor D. L. G. identificó incluso a Abouyaaqoub en un reconocimiento fotográfico como el autor de los atropellos.

«Clara intención de matar»

Los testimonios evidencian que Abouyaaqoub no discriminaba a la hora de arrollar a los peatones. «Iba haciendo cambios de sentido», explicó a los Mossos Ahmed M. N., quien vio cómo la furgoneta arrolló «a una señora con un carro con un bebé». El propietario de uno de los quioscos del céntrico paseo, Marcos M. A., vio como el vehículo pasaba delante de su puesto «a gran velocidad» atropellando a dos personas, «siendo una de ellas un niño pequeño». Durante esos 700 metros, los Mossos constatan que el terrorista tenía la «clara intención de matar» a los viandantes «ya fueran personas mayores, hombres o mujeres e incluso bebés». Alejandra A. A., brasileña, vio cómo la furgoneta circulaba Rambla abajo «con una persona viva encima del capó» que acababa de ser atropellada. «Iba haciendo eses y dando botes como si pasara por encima de objetos», aseguró a los agentes el ciudadano belga Guy J. F., que observó lo ocurrido a la altura de la librería Beethoven, en el número 97 de La Rambla.

Cuando el terrorista abandonó la furgoneta a la altura del Liceo, varios testigos recuerdan que un hombre forcejeó con él. En ese momento, Abouyaaqoub «esgrimió un aparato con un botón en la mano derecha para hacer creer que tenía una bomba». Un ciudadano africano y Omar A. salieron detrás de él, pero el terrorista huyó en dirección a plaza Cataluña al grito de «¡Bomba, bomba!», golpeándose con algunos viandantes en su carrera.