Primera infancia
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Algunos trucos para mejorar la caligrafía de tus hijos

Haz que sea algo que les entretenga

Que los hijos aprendan a leer y a escribir forma parte de uno de los mayores aprendizajes en la vida de un niño. Ni todos llevan el mismo ritmo ni tampoco hay que agobiarse en exceso cuando vemos que tienen una pésima caligrafía. Es lo normal y esperable que así sea. Pasarán años, de hecho, hasta que puedan tenerla correcta.

Tener una letra legible es muy importante, pero desafortunadamente asociamos la letra con tareas más bien aburridas. Si eres de lo que crees que la diversión no está reñida con la caligrafía y no quieres gastarte una fortuna, puedes seguir los consejos de Ayudarte, estudio en psicología y los juegos que tienen preparados para lograrlo.

Cada edad tiene unos retos concretos que deben superar, a pesar de que no siempre la edad marque necesariamente madurez en todas las áreas de su vida, así que muchas veces empiezan el colegio con grandes lagunas. Por ejemplo, a veces no controlan bien sus esfínteres, les cuesta expresarse con claridad o les cuesta separarse de ti.

Una de las tareas más difíciles y la última probablemente que les cuesta cuando empiezan el colegio o incluso conforme van avanzando en el colegio son tener una letra legible, tener una buena postura para sostener bien el lápiz y no cometer faltas de ortografía. Todo el mundo parte de la premisa de que: “cuanto más practiques, más perfeccionaras la técnica y el trazo”, pero ¿por qué necesariamente tiene que ser una tarea aburrida y monótona?

El ahorcado nunca pasa de moda: Puedes utilizar cualquier medio desde el bolígrafo y papel hasta la arena o el cristal del coche, tú eliges. “Siempre lo tenemos en cuenta, de hecho, fue una de nuestras primeras recomendaciones cuando empezamos nuestro blog”, explican las psicólogas, “pero es que infravaloramos lo más tradicional por el hecho de pensar que a ellos no les gustará lo que a ti te entretenía y precisamente por eso, deberías darte cuenta que puede ser éxito seguro. Te ayudará con la conciencia fonológica, aumentarás su vocabulario, le ayudarás a clasificar las palabras por campos semánticos (aprenderá a vocabulario según categorías como palabras que sean de ropa) y mejorarás su ortografía si le propones palabras que sean difíciles como: b/v, h/sin h, r/rr, c/z.... “Nosotras en el estudio tenemos el de Tiger de viaje y es súper útil, pero también sirve que lo tengas en lápiz y papel”, explican las expertas.

Álbum viajero: Desde que los móviles y los ordenadores aparecieron, rara vez conservamos las fotos en papel o tenemos tiempo para pegarlas en el álbum. Así que ¿por qué no volver a iniciar esa tradición con tu hijo? Ir escribiendo durante el viaje las anécdotas divertidas que han ido pasando, los sitios que más os han impactado y así a la vuelta podréis volverlo a escribirlo en un álbum, además podrá decorarlo con dibujos, pegatinas... ¡Imaginación al poder! De esa forma no sólo practicará la escritura en el viaje, también tendrás una excusa para que la practique después y será un recuerdo de un verano estupendo que tendréis para siempre.

Descubriendo las letras escondidas: Según el nivel y lo que le quieres enseñar, jugar a escribir letras, palabras o frases en la arena y que las adivine. La arena es un recurso formidable para reconocimiento de palabras y perfeccionar el trazo, ya que para que puedas entenderlo necesitas afinar y repasar mucho las letras que hagas y cuanto más grandes, mejor. Un consejo que te damos es que le des palabras inventadas o palabras desconocidas por él, no sólo para aumentar su vocabulario sino para que te asegures que reconoce bien el sonido con la letra correspondiente, es decir, en palabras más técnicas, para mejorar la conversión grafema-fonema.

Sé un auténtico masterchef: El programa masterchef ha conseguido que muchos niños se interesen por la cocina. Aprovecha eso para que tu hijo proponga platos que le resulten apetecibles, te ayude a elaborar el menú escribiéndolo semanalmente en la nevera (tanto los platos como los ingredientes) y si quieres ir un poco más allá, elaborar vuestras recetas favoritas juntos y crear vuestro propio libro de recetas mientras que cocináis. De esa forma, aparte de ayudarle a que practique la escritura, puedes trabajar con él temas tan importantes como hábitos saludables.