La columna de Carla de la Lá
La Razón

Cosas que no debes hacer si no eres Elisabeth Taylor

Los desmanes en la vida pública de la diva no nos los podemos permitir el resto de los humanos

Para tener verdadero glamour hace falta ser un poco tonto o irresponsable o psicopatón ¿no les parece?; igualmente una personalidad tan límite sólo se puede concebir y consentir en una persona con infinito glamour.

Elisabeth Taylor, reconocía riendo que estaba absolutamente sometida por sus deseos y que se entregaba a ellos sin temor a las consecuencias ¿qué quieren que les diga? Bien está lo que hiciera ese ser inmortal, ese “Pájaro azul”, pero estimados míos, ustedes no. Ni yo ¿eh?

Queridos, les regalo ordenaditos algunos códigos de conducta o formas lógicas de proceder si no son ustedes una diosa del celuloide. Lean:

1. Borracho en público: Liz Taylor estaba siempre encantadoramente borracha o achispada y se hacía acompañar por una brigada de asistentes que impedían que cayera al suelo o a la ignominia en todo momento. Nosotros no.

2. “Las chicas grandes necesitan joyas más grandes” sostenía nuestra Cleopatra de ojos violetas. Háganme caso, que sólo busco su bien, en materia de complementos, lo que no es un inmenso sí, es un ¡quítatelo!. Ante la duda, fuera.

3. Borracho en privado: por supuesto, la diva de la gran pantalla, bebía a solas hasta quedar tendida en su moqueta blanca vestida solamente por un collar de esmeraldas y una estola de plumas de marabú; todo ello con máxima dignidad. Ni lo intenten.

4. “Tengo un cuerpo de mujer pero emociones de niña” confesaba Taylor. En cuanto a nosotros, el único camino es madurar; no piense que es usted un regalo divino para la humanidad, al contrario, eche mano de la autocrítica y mantenga al monstruo de la vanidad bajo control.

5. No sean degenerados: Liz protagonizó variados y constantes escándalos públicos llevada por su insaciable e indisimulado apetito por el sexo que hicieron que hasta el Vaticano protestase mientras ella hacía papiroflexia con sus millones de dólares para luego fumárselos, todo muy glamuroso, pero nosotros ¡no! (la fealdad y la pobreza son suficientes).

6. No dramaticen si no son Elisabeth Taylor:una conducta distinta a la entereza en un adulto cualquiera será fastidiosa para todos y le precipitará, querido lector, al mayor de los ridículos. Por lo que más quieran, no expresen tanto sus sentimientos y por encima de todo, no lloren.

7. “Mi única guía es la pasión”. La cuarta boda de la diosa de la pantalla fue con Eddie Fisher, marido de su mejor amiga, Debby Reynolds (padres de la Princesa Leia) . Ustedes no le birlen la media naranja a sus amigos; si no se llaman Liz Taylor, enrollarse con la pareja de otro es una ordinariez y una psicopatada.

8. No grite, amigo mortal: Liz Taylor y su quinto y sexto cónyuge Richard Burton alquilaban en los hoteles una habitación encima y otra debajo de la suya para que los demás huéspedes no se vieran afectados por sus terribles trifulcas. Usted, cuando vaya a vociferar o emitir algún graznido altisonante visualice un segundo lo mísero que resultará el espectáculo y practique el dominio propio.

9. “El éxito es un gran desodorante que borra todo el pasado”,decía Liz, y estamos de acuerdo, pero ustedes no se separen más de dos veces, el primer divorcio siempre es culpa del otro, el segundo es culpa de los dos, el tercero ¡nos señala!...(Precepto válido en caso de pareja de hecho y arrejuntados).

10. "Tal vez nos queríamos demasiado", comentó la estrella en referencia a las muchas relaciones que dejaba en el camino. No amigos, no, querer es compromiso, querer es callar, perdonar, contemporizar, esperar y ceder. Lo demás ego y mandangas.

11. El remedio de nuestra musa, cuando todo sale mal: "Sírvete una bebida, ponte pintalabios y relájate". En fin. Cuando todo sale mal, queridísimos lectores, siéntense bien sobrios, analicen con humildad y dispónganse a cambiar de arriba abajo .

Ya lo ven queridos lectores, en nuestro caso es más estética la mesura, el buen juicio e incluso la auto exigencia; ¡Que diga misa el cursi de su psicólogo: sé-tú-mismo-sé-tú-mismo! Háganme caso y ¡no sean ustedes mismos un segundo más! ¿En qué manual leímos que hay que ser como uno es e imponer nuestras miserias y debilidades a nuestros hijos, parejas, amigos, mascotas y conciudadanos para después lanzarlas flotando al universo?