La columna de Carla de la Lá
Carla de la Lá

El orgasmo no se finge: ¡actrices, a Hollywood!

La columna de Carla de la Lá

¿Conocen la historia de Hedy Lamarr, no? Para aquellos que no, fue una gran actriz e inventora alemana, bellísima, inteligentísima y feminista.

Protagonizó el primer desnudo y orgasmo femenino en el cine, al verlo un poderoso de la industria de la época se enamoró locamente de ella, se casaron y, él, obsesionado y loco de celos, además de intentar comprar todas las cintas donde salía desnuda, la encerró literalmente, donde nadie más que él pudiera verla representando el clímax.

Durante su aislamiento, queridos, ideó, desarrolló y patentó la conmutación de frecuencias, un invento crucial para la vida moderna gracias al cual todos disfrutamos de WiFi, por ejemplo, o de Bluetooth.

Un día llegó la ocasión, escapó por la ventana y huyó a USA, donde colaboró con el gobierno americano en contra de los horrores nazis, además de proseguir su carrera como actriz en Hollywood.

Muchos la califican como la mujer más bella de la historia del cine. El Día del Inventor se celebra el 9 de noviembre (fecha de su cumpleaños), en su honor, pero yo vengo a hablarles de interpretar orgasmos.

Casi todas lo hemos hecho alguna vez, no haber caído nunca en esa clase de “White lies” me parece de monjita (me refiero con sumo respeto y cariño a una señora virgen, por supuesto) o de superdotada, con un portento físico (la mujer que “llega” siempre) e intelectual, la clarividente y visionaria feminista que desde su más tierna juventud lo tuvo clarísimo, como el agua cristalina, y conocía los entresijos sociales y emocionales que rondan a ambos lados de las sábanas...¡Brava!

El orgasmo es el placer más saludable que una pueda procurarse cada y esa experiencia sublime de intenso placer no sólo físico, sino también espiritual debería estar incluida en las rutinas diarias, como cepillarse los dientes o lavarse el pelo ya que se trata de la mejor manera de ejercitar el suelo pélvico y el tono de la musculatura involuntaria, la que no se ejercita con los ejercicios de Kegel o contrayendo voluntariamente estos músculos (el ¡¡80%!! de los tejidos del suelo pélvico son de este tipo).


Durante un orgasmo se producen de cinco a quince contracciones por segundo en los músculos del suelo pélvico, la vagina, el útero y el esfínter anal. El orgasmo libera endorfinas, dopamina y oxitocina, hormonas que ayudan a aumentar la felicidad y disminuir la ansiedad, la depresión, hacen crecer la autoestima y la confianza emocional se fortalece.


Al llegar al climax aumenta considerablemente la circulación sanguínea y se bombea oxígeno hacia la piel, lo que hace que gane brillo y se eliminen toxinas. Cuantos más orgasmos disfrutes, su intensidad irá aumentando, cuanto más ejercites tu suelo pélvico con orgasmos, más intensos serán éstos...


La revista British Medical Journal asegura que existe una "fuerte correlación entre orgasmos y tasa de mortandad; los orgasmos no sólo ayudan a parecer más joven, sino también a alargar la esperanza de vida". Pero díganme queridas amigas, ¿son placenteras todas sus relaciones sexuales? ¿Llegan siempre al orgasmo o en ocasiones lo fingen? Lo sé, son preguntas muy personales que la gente normalmente elude o responde con la frase: “Claro, son muy satisfactorias”.

Pregunto a las señoras, excúsenme caballeros, pero ustedes que son sensatos, se harán cargo. Aunque cada vez hay más hombres que se suben al carro, la acción de fingir orgasmos es llevada a cabo principalmente por mujeres, es una cuestión física, aunque también psicológica y social.

Desmadejemos el orgasmo fingido. En el mundo ideal, al no alcanzar el orgasmo una mujer cualquiera tendría la confianza y la asertividad de comentarlo sin más. Lisa y llanamente. En el mundo en que vivimos muchas mujeres no lo hacen por pudor, sienten vergüenza, miedo al rechazo, porque creen que el hecho de no llegar se corresponde con una tara personal una incapacidad vergonzosa o una retorcida forma de invalidez genital. Si es su caso ha de saber que la sexualidad femenina es sofisticada, mucho más que la del hombre, y que las hembras humanas terrícolas no tienen por qué culminar sin más, con un “metesaca-metesaca” (fabuloso término acuñado por Anthony Burgess para su inmortal A Clockwork Orange).

En este mundo, todavía muchas mujeres desean agradar a los hombres, por encima de todo, con ese “por encima de todo” subrayado. Con ese agradar de Merche Cuéntame cómo Pasó : “¿Cómo le voy a decir que no he llegado al orgasmo en dos minutos? Con lo que le gusta a mi Macario sentirse un tigre de bengala, el más machote que en el mundo hubiere...”

El no saber decir: “no, ahora no me apetece” es otra de las causas más extendidas por las que se finge un orgasmo. Ante una falta de entendimiento y comunicación en la pareja, fingir un orgasmo y aparentar haber tenido una relación sexual satisfactoria puede parecer la solución rápida para evitar una posible discusión, pero a largo plazo genera ansiedad y baja autoestima, por suprimir las verdaderas y propias emociones sistemáticamente. Otra de las consecuencias de fingir el orgasmo es la anorgasmia, ya que a medida que uno finge orgasmos cuesta más llegar al verdadero clímax.

Dese tiempo amiga, explore con su pareja o en solitario por ahí abajo. No descuidemos este misterioso regalo de la evolución y no finjamos jamás...

¡Este verano, tengamos orgasmos!, cientos, miles de orgasmos, orgasmos discretos, remilgados, orgasmos utilitarios, alimenticios, orgasmos de diario, de andar por casa, orgasmos que-pin-que-pan u orgasmos de caerte de la cama. Pero orgasmos, al fin.