Crisis migratoria en Europa
Rubén G. del Barrio

Austria amenaza con blindar sus fronteras

El canciller Sebastian Kurz advierte de que impondrá controles con Italia y Eslovenia si Berlín pone en marcha la devolución de refugiados pactada por Merkel y Seehofer. Roma le responde que hará lo mismo

La crisis gubernamental desatada por el ministro del Interior y jefe de los conservadores bávaros ha sumido en tal suspicacia a la política germana y, por ende, a la de Europa que ayer el semanario «Der Spiegel» sólo pudo describir el comportamiento de Horst Seehofer como una experiencia cercana a la muerte. Propia de quien tiene alucinaciones. «Pero, ¿por qué está haciendo todo esto?», se preguntó este medio que aunque no fue capaz de formular una respuesta, sí alcanzó a aludir a una «estrategia kamikaze» por parte del ministro.

Lo curioso es que tanto Seehofer como Merkel actúan como si hubieran encontrado un buen compromiso en la disputa de asilo cuando, en palabras de esta revista, sólo han «deportado su conflicto» a Austria, al conjunto de la esfera política alemana y, con toda previsión, a todo el continente. La Unión Europea está confundida: nadie sabe cuáles serán las consecuencias del acuerdo o si es legal en absoluto. Como prueba, las primeras reacciones que ha suscitado el arreglo en materia de gestión migratoria que ambos socios alcanzaron el lunes a última hora y por el cual se establecerán «centros de tránsito» en la frontera con Austria para retener a los solicitantes de asilo ya registrados en otros países de la Unión Europea, mientras se negocia su retorno a los países de entrada.

Aunque cautos en un primer momento, finalmente los socialdemócratas (SPD), que actualmente forman parte de la coalición gobernante en Berlín, reaccionaron como era previsible para mostrar sus dudas sobre lo pactado. La líder del SPD, Andrea Nahles, rechazó precisamente el concepto de «centros de tránsito» y subrayó que la actual situación es diferente a la del pico que la ola migratoria vivida hace unos años. Además, recordó que quedan muchas cuestiones por esclarecer. En primer lugar, la respuesta que dé Austria a lo acordado por la CDU y la CSU.

La canciller todavía no puede dar por zanjada su crisis gubernamental. Si bien logró apaciguar a su socio político, ahora tendrá que convencer a los otros miembros de la alianza, esta vez la bancada de centro izquierda, para que aprueben el acuerdo. Si lo rechazan, la crisis del Gobierno no sólo se reanudará, sino que podría agudizarse. Para alcanzar un punto en común, ayer se reunieron los tres socios de la coalición en el poder: la CDU de Merkel, la CSU del ministro del Interior y el SPD. Uno de los especialistas socialdemócratas para los asuntos migratorios, Aziz Bozkurt, criticó el acuerdo, ya que, desde su punto de vista, «va totalmente en el sentido de la extrema derecha».

Los ecologistas y el partido de La Izquierda fueron todavía más allá y compararon la idea de los centros con «campos de internamiento», en alusión al pasado nazi de Alemania, y pidieron a los socialdemócratas que no los acepten. Hace tres años, el SPD ya rechazó este tipo de centros, por lo que Merkel seguirá bajo una presión que podría ir a más ante la actitud que pudiera tomar ahora el Gobierno de Austria.

Por de pronto, su canciller, el democristiano Sebastian Kurz, aseguró ayer en Viena que su Gobierno no aceptará acuerdos con Alemania en materia migratoria que vayan en contra de los intereses de su país. Kurz reconoció que, por ahora, su Gobierno no conoce los detalles de los planes alemanes y adelantó que mañana el propio Seehofer acudirá a Viena para analizar la situación con el ministro del Interior austriaco, Herbert Kickl.

«Estudiamos cualquier medida para proteger a nuestra población. Para ello, estamos también dispuestos a tomar medidas en las fronteras del sur del país», agregó Kurz en referencia a las fronteras con Italia y Eslovenia. En la misma rueda de prensa, el vicecanciller, Heinz Christian Strache, del partido ultranacionalista FPÖ, manifestó que la «obligación del Gobierno es evitar desventajas para Austria» y exigió más efectivos y un cambio del mandato en la agencia comunitaria de fronteras (Frontex) para proteger mejor las fronteras exteriores de la UE.

Italia, principal país de ingreso de los migrantes a Europa a través del mar Mediterráneo, tampoco quiere quedarse de brazos cruzados. «Si Austria quiere fijar controles, tiene todo el derecho. Nosotros haremos lo mismo», advirtió el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini. El riesgo de que se produzca un efecto dominó en Europa emerge en el peor momento para Austria, que acaba de asumir la Presidencia comunitaria.

Las concesiones hechas por Merkel, bajo presión de la derecha dura de su Gobierno, amenazan los grandes principios del pacto alcanzado en la última cumbre de la UE y, mientras, es difícil imaginar que de ahora en adelante la canciller pueda tener una relación tranquila con su ministro del Interior y los socialcristianos bávaros, que durante semanas pusieron en duda y abiertamente su autoridad al frente del Ejecutivo. «Probablemente nunca antes estuvo tan envenenado el clima en una coalición gubernamental como ahora», reseñó el diario «Bild».