Elecciones en Brasil
Ángel Sastre

En busca de un recambio para Lula

El Partido de los Trabajadores reta a la Justicia y asegura que el ex presidente será su candidato, pero prepara un «plan B»: una coalición de izquierdas liderada incluso por alguien ajeno a la formación

Los cimientos de la democracia brasileña se tambalean. La mitad de los diputados del Congreso están procesados por corrupción, al igual que buena parte de alcaldes y gobernadores. El presidente, Michel Temer, aparece señalado por la Justicia y el candidato favorito de las presidenciales, Lula da Silva, está a un paso de acabar en prisión. A los 72 años de edad, el destino de quien Barack Obama denominara hace una década como «el hombre» está ahora en manos de un tribunal de apelación, el mismo que decidió el miércoles que no sólo ratificaba su condena por corrupción, sino que la elevaba de nueve a doce años.

Lula tiene la opción de recurrir la condena y dilatar los tiempos para poder presentarse como candidato a las elecciones de octubre. La formación a la que pertenece, el Partido de los Trabajadores (PT), ya ha mostrado sus cartas: desafía a la Justicia, llama a la desobediencia y confirma que Lula será su candidato. De hecho el ex mandatario comienza ahora en carnaval una gira que lo llevará por todo el país. Pero el partido prepara ya un «plan B» si la condena es ratificada o su candidatura es impugnada: construir una sólida alianza con el resto del centro izquierda y parte de la izquierda para cerrar el paso a las fuerzas más conservadoras. Esa candidatura podría incluso ser encabezada por algún político ajeno al PT. Entre las posibilidades aparece Ciro Gomes, quien fue ministro de Hacienda en el Gobierno de Itamar Franco (1992-1995) y que ocupó la cartera de Integración Nacional en el primer mandato de Lula. «Gomes absorbería la popularidad de Lula y de sus votantes, que verían en él al elegido, la reencarnación de su líder caído. Algo así como lo ocurrido con Hugo Chávez tras su muerte y el presidente Nicolás Maduro», aclara a LA RAZÓN el politólogo Hugo Meidelles.

Aunque la ex presidenta Dilma Rousseff considera que Brasil será ingobernable si la Justicia invalida la candidatura de Lula, la realidad es otra. Las calles permanecen tranquilas, no son previsibles grandes revueltas, ni de un lado ni del otro. Nadie descarta brotes de violencia si Lula es encarcelado, pero en cualquier caso serían esporádicos. «El movimiento más fuerte de los últimos años fueron los indignados, y ni siquiera ellos parecen reaccionar ante los múltiples escándalos de corrupción. Los brasileños parecen adormecidos, anestesiados, como si esta sociedad no les perteneciese. Ven el desfile pasar, pero sólo se muestran preocupados por su sustento diario, no por un progreso a largo plazo. Hace tiempo que tiraron la toalla», explica el analista brasileño Melchor Gioao,

Los otros seis procesos abiertos contra Lula han oxidado aquel histórico 87% de popularidad con el que dejó la Presidencia en 2010. Sin embargo, paradójicamente, el ex mandatario sigue como líder indiscutible en los sondeos. La firma Datafolha le da el 36% de los votos, el doble que a su más inmediato seguidor, el congresista de extrema derecha Jair Bolsonaro. No parece que ninguna de las otras sentencias pendientes puedan truncar los sueños presidenciales de Lula. Los recursos judiciales alargarían la condena en firme hasta después de alcanzar la Presidencia. Por tanto, la ansiada inmunidad que otorga este cargo dependerá de esta primera condena ya en curso y los recursos. Pero, según los expertos consultados, el viento no sopla a favor del patriarca de la izquierda. Lula está más cerca de la cárcel que del Palacio de Planalto.