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Rubén Villalba

Carlos de Inglaterra: El eterno eclipsado

A punto de cumplirse 21 años de la muerte de Lady Di, nuevos testimonios apuntan a que el primogénito de Isabel II sentía envidia de ella, al igual que ahora la tendría hacia sus hijos y nueras

Cada aniversario de la muerte de Lady Di es igual y, al mismo tiempo, diferente al de años anteriores. Igual, porque una vez más los ramos de flores y los recuerdos se amontonarán a las puertas del palacio de Kesington en memoria de la princesa.Y diferente, porque los testimonios sobre su vida que por estas fechas se multiplican siguen sorprendiéndonos cada año con nuevos y oscuros episodios de su tormentosa vida. Ahora, a una semana de cumplirse 21 años de la traumática muerte de Diana y cuando pensábamos que todo estaba dicho, entra en juego Lady Elizabeth Anson, prima de la reina Isabel, y por su boca descubrimos que quizá lo que abocó al fracaso al matrimonio de su sobrino Carlos y la princesa de Gales fue la envidia y la frustración que él sentía cada vez que su mujer se daba un baño de masas allá donde iba.

«Diana vivió una auténtica metamorfosis hasta convertirse en una belleza rubia y elegante», comienza relatando Anson a la revista «People», para luego trasladarse a un episodio que ella considera un punto y aparte en la relación de los entonces enamorados: su primera visita oficial en octubre de 1981 a Gales, donde los vítores y aplausos no fueron repartidos por igual: «Esa fue la primera vez que Carlos llegó a una conclusión que a partir de entonces le atormentó: “La gente ha venido a ver a mi esposa, no a mí”». El testimonio de Anson respalda ciertos rumores que han venido manteniendo que el primogénito de Isabel II siempre ansió el apelativo «del pueblo» que su consorte se ganó y al que él nunca optó.

Frustración

Tom Bower, autor de una reciente biografía no autorizada sobre el príncipe de Gales, va más allá y asegura que su frustración por considerarse el eterno eclipsado de la familia real británica continúa en la actualidad, ya que se sentiría «usurpado» por los duques de Cambridge: «Carlos ve a su hijo William y a Kate como las nuevas estrellas y teme de nuevo que eso se le vuelva en su contra». Lo mismo ocurriría con su benjamín, el príncipe Harry, y la mediática Meghan Markle, a quien no han dejado de considerarla la nueva Diana. Al sentimiento de frustración se le suma, según Bower, el de soledad: «Carlos también se siente apartado de sus nietos, los príncipes Jorge y Carlota, y en las últimas Navidades, por ejemplo, no vio bien que William optara por pasarlas con los padres de Kate y no con él y Camilla».

En el maratón de documentales y reportajes que esta semana inundarán la televisión británica para recordar a Diana, vuelve a adquirir protagonismo el que fuera su secretario personal, Paul Burrell, que rescata el tema de la sucesión y duda de que Carlos sea el próximo rey: «Diana ya me advirtió en sucesivas ocasiones de que su marido no estaba preparado para ello». A la cuestión sucesoria se suma la religiosa, como analiza el documental «La locura del príncipe Carlos», donde varios expertos vaticinan un conflicto con la iglesia Anglicana por el confeso deseo del heredero de abrazar el resto de religiones. Lo mismo ocurriría si, llegado el momento, decidiera celebrar una coronación sin la tradicional unción del arzobispo de Canterbury. «Si rehúsa ser gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, entonces quizá tendría que abdicar», advierte el reverendo Gordon Warren.