Real(eza)
Amadeo-Martín Rey y Cabieses- Doctor en Historia

Carlos V, Rey de España o el Duque de Elizondo

También fue conocido como Marqués de Arcos, conde de Molina o conde Ermua

Los carlistas tuvieron una vida repleta de huidas y destierros que hizo que sus reyes adoptaran diversas identidades. Cuando su sobrina Isabel II asumió la corona de España, Carlos María Isidro, o Carlos V, rey carlista de España –que usaría el título de conde de Molina tras abdicar en su hijo Carlos Luis, conde de Montemolín o Carlos VI, el 18 de mayo de 1845–, partió para Inglaterra desde Portugal a bordo del buque británico «HMS Donegal». Al llegar el 18 de junio de 1834 al puerto de Portsmouth se instaló allí provisionalmente. Decidió vivir de incógnito eligiendo el título de duque de Elizondo y preparar así, en secreto, su vuelta a España. Una noche de julio, dos semanas después de haber llegado a Inglaterra, Carlos María Isidro escapó de Gloucester Lodge, donde vivía, y tomó un coche de alquiler hasta una casa de Welbeck Street, donde le esperaban su esposa María Francisca y la princesa de Beira para ayudarle a huir. Le tiñeron el pelo de negro, le afeitaron el bigote y le vistieron con otro traje. Una de las damas responsables del disfraz dijo ahogando una risita: «Debemos de estar en tiempos muy revolucionarios para que yo me atreva a tocar así a una alteza real». Y el príncipe contestó, muy serio: «Valor señora». Con pasaporte falso, Carlos María Isidro cruzó el canal de la Mancha de Folkestone a Dieppe. El 4 de julio estaba en París y cinco días después en España.

La vinculación con Ermua

Ayudado por el que luego sería barón de los Valles, el legitimista francés Auguet de Saint Sylvain, entró en España en la noche del 9 de julio de 1834 precisamente por la población Navarra de Elizondo, cabeza del Valle del Baztán, cuya importancia para los carlistas se revela, por ejemplo, en las obras de Benito Pérez Galdós. Poco después abandonó Carlos ese título de incógnito.

En marzo y abril de 1835, con la Acción de Larremiar contra Francisco Espoz y Mina y la Acción de Artaza contra Gerónimo Valdés, el general carlista Zumalacárregui deshizo la tropa cristina que se vio obligada a desmantelar todas las estratégicas guarniciones (Maeztu, Alsasua, Santisteban, Urdax,... y, precisamente, Elizondo), quedando como únicas guarniciones las de las capitales de la provincias vascongadas, Pamplona y algunos puertos de la costa. Carlos permaneció en Navarra y el País Vasco hasta 1839, con corte itinerante en Oñate, Estella, Tolosa, Azpeitia y Durango.

Otro de los títulos utilizados por Carlos María Isidro durante su destierro fue el de conde de Ermua. La muy noble y leal villa vizcaína de Ermua, feudo de los Marqueses de Valdespina, de la Casa de Orbe tan unida a los reyes carlistas, fue muy importante para éstos. El 14 de agosto de 1834 Ermua fue arrasada por los liberales en represalia por la participación del marqués de Valdespina en los ejércitos carlistas. Ermua permaneció en la zona controlada por los carlistas durante toda la Primera Guerra Carlista. Esta vinculación con Ermua fue probablemente la causa de la elección de este título por Carlos María Isidro. También usó marqués de Arcos a pesar de que existía un título del Reino de idéntica denominación concedido por Carlos IV al tesorero de la Real Hacienda en La Habana Diego Peñalver y Angulo, cuyo palacio estaba junto al del conde de Casa Lombillo y de la catedral de esa ciudad. La esposa de Carlos María Isidro, María Teresa de Braganza, princesa de Beira, utilizó durante su destierro de España el título de incógnito de duquesa de Arquijas, nombre que nos recuerda la Primera Guerra Carlista en cuyo Frente Norte era el jefe militar más destacado de las tropas carlistas vasco-navarras el general Tomás de Zumalacárregui, artífice de las victorias de Alsasua, Orbaizeta, Arquijas y también del sitio de Bilbao. Ya mucho antes había usado del incógnito la princesa de Beira. Por ejemplo, cuando cruzó los Pirineos disfrazada de aldeana y montada en mula para desposarse en Azcoitia con Carlos María Isidro.

Su carácter

Carlos María Isidro era una persona muy religiosa que creía en el derecho divino de la monarquía y estaba radicalmente en contra de la promulgación de la Pragmática Sanción publicada por Fernando VII en mayo de 1830, aunque ya aprobada por las Cortes en 1789. Sus leales le siguieron con fidelidad y murieron por él y por los principios que él defendía. Era antiliberal y se le calificaba de reaccionario. Tenía sencillas costumbres, aunque se decía que no era muy amable con la soldadesca, careciendo de excesivas dotes militares aunque acompañaba siempre a su ejército. Fue duro con los que consideraba responsables del fracaso de la Expedición Real que le tuvo a las puertas de tomar Madrid.