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Daniella Mendoza

¿Recordará mejor las políticas de Merkel que cómo iba vestida?

Los estudios demuestran que prestamos más atención a la apariencia de las mandatarias y que éstas, en su mayoría, optan por «looks» masculinizados.

¿Será Theresa May recordada por sus zapatos de tacón «kitty»? ¿Y Angela Merkel? ¿Serán su legado una serie de chaquetas abotonadas y sin cuello, que posee en cuatro o cinco colores, y su corte de pelo inconfundible e inmutable? Ojalá que no. Pero los estudios demuestran que los medios de comunicación prestamos más atención a la apariencia de una mujer política que a la de sus homólogos masculinos. Y que, además, esa atención afecta a la percepción del público sobre ellas. De hecho, según una investigación de la ONG estadounidense Name It, Change It, cualquier comentario en Prensa, ya sea positivo, negativo o neutro, sobre la apariencia de una candidata política le afecta de manera negativa. Sin embargo, concluye que las menciones sobre la imagen de los hombres políticos no tienen ningún eco sobre su candidatura.

Por tanto, la ropa de las mujeres importa. Porque la imagen importa. Una realidad que ninguna política actual desconoce y que, lejos de perder importancia según aumenta el número de mujeres líderes en el mundo, ha ganado peso. Un estudio de la Unión Interparlamentaria publicado en marzo llega a la conclusión de que en 2017 un número récord de mujeres se postuló a cargos políticos a nivel global en comparación con 2016, aumentando el porcentaje de 22,3 por ciento al 27,1 por ciento. En Estados Unidos, por ejemplo, se presentaron como candidatas para el Congreso 468, frente a las 298 que lo hicieron en 2011. En Francia, el porcentaje femenino en la Asamblea Nacional aumentó en un año de 26,9 por ciento a 38,8. Reino Unido y España también han roto cifras. Doscientas ocho mujeres se presentaron para la House of Commons británica, y en nuestro país se aumentó de 82 a 98 senadoras desde 2016 (de un total de 208) y de 138 a 144 diputadas (de un total de 350) en el mismo periodo. Y en el Gobierno de Sánchez, claro, las once ministras son mayoría, mientras que dos mujeres más se disputaron recientemente la presidencia del Partido Popular.

Buena imagen para ganar elecciones

La pregunta es si esa presencia en aumento ha cambiado también los códigos de vestimenta que rigen su imagen pública. Hasta ahora, parecía que lo propio era emular el «look» de los hombres, de pantalón y americana, para dejar la cuestión de género en segundo plano. Pero cada vez más las líderes no solo asumen su feminidad, sino que la utilizan como herramienta de campaña al defender causas que afectan directamente a las mujeres, como los permisos de maternidad, el aborto y el abuso sexual. Algunas, sin embargo, aún se resisten a prestar especial atención a su imagen. La Women’s Campaign School de Yale, que cada año ofrece un taller sobre liderazgo para mujeres, por ejemplo, cuenta con una conferencia llamada «Dress to Win» (Vestirse para ganar). Aunque algunas de sus asistentes preferirían que no existiera, como escribe Vanessa Friedman en un reciente artículo en el «New York Times». Pero Patricia Russo, directora del programa, lo defiende: «Nuestro currículum intenta nivelar el terreno de juego para las mujeres que quieren seguir una carrera en política. Y cómo vistes es una parte importante de ello. El escrutinio de la imagen de las mujeres en política es injusto, pero es una realidad. Nosotros inspiramos a nuestras estudiantes a aceptarlo y aprovecharlo». Por su parte, Sonya Gavankar, encargada este año de dicho curso, afirma a LA RAZÓN que «en política la imagen es importante, pero no debemos pensar en la ropa que llevamos en el sentido de si está de moda o es bonita. Deberíamos centrarnos en si nuestra imagen es una representación visual de quiénes somos». Y, con respecto a los prejuicios, afirma que «no me agrada que se juzgue antes de conocer a una persona, pero somos criaturas que utilizamos nuestros sentidos para tomar decisiones. Yo propongo utilizarlos para nuestro beneficio. La clave está en que tu imagen realce lo que eres capaz de aportar». Marta de Basilio, CEO de Speaker Coach, asegura a su vez que se trata de un aspecto que afecta a hombres y mujeres, y pone el ejemplo del famoso debate televisivo entre JFK y Nixon, en el que Kennedy proyectó una imagen de elegancia y liderazgo. «Se ha demostrado que se puede predecir si vas a ganar unas elecciones según tu imagen, y eso se aplica también a las mujeres. Los votantes no quieren una persona desaliñada, pues quien se viste correctamente despierta mayor confianza. A la hora de transmitir transparencia, es bueno elegir colores como el blanco o el azul claro. Si una política va de rojo, muestra agresividad y liderazgo; sin embargo, si va a hablar de austeridad es mejor lucir tonos pastel, ya que el rojo y el negro se asocian al lujo». En ese sentido, resulta interesante que siete de las ministras del actual Gobierno hayan optado por el blanco para la toma de posesión, entre ellas, Carmen Montón, que recibió la cartera de Sanidad con un «total look» blanco. Otra política que lo lleva bastante es María Dolores de Cospedal, mientras que Soraya Sáenz de Santamaría prefiere los tonos sólidos como el azul rey (que eligió para presentar su candidatura al PP) o el rojo. Pero una mirada a las políticas no solo en España sino en Europa y Estados Unidos deja claro que el «techo de cristal» no se ha roto en todos los sentidos. La mayoría de ellas todavía prefiere no distraer con su ropa, llevar americanas y no arriesgan en cuanto a combinaciones. El asesor de imagen Roberto Sánchez afirma que «los estilos suelen transmitir valores. Y en política lo que quieres reflejar es confianza y seguridad. Eso tiene como resultado un “look” clásico, por eso el 99 por ciento de los atuendos en este ámbito lo son. Sin embargo, ello no significa que las líderes no hayan evolucionado a la hora de vestir». Ofrece, además, una opción al clásico de chaqueta y pantalón: «Se puede eliminar la americana y optar por una blusa, una prenda que sigue transmitiendo confianza». Es cierto que políticas más jóvenes, como Irene Montero, optan por «looks» más desenfadados. La pareja de Pablo Iglesias suele llevar vaqueros y zapatos planos. De Basilio afirma que «Montero es una mujer que sabe comunicar y, aunque a veces resulta agresiva, es también carismática. Ella ha elegido un modo de vestir que concuerda con su electorado, luce como cualquiera de ellos lo haría para ir a trabajar». Por otra parte, una «joven promesa» que ya está causando revuelo por su victoria en las primarias demócratas de Nueva York y su estilo impecable es Alexandria Ocasio-Cortez. La latina de 28 años destronó al poderoso Joseph Crowley tras una campaña que contó con diez veces menos financiación que la de su rival. Junto con Cynthia Nixon –cuyo paso por «Sexo en Nueva York» marcó su estilo positivamente–, Ocasio-Cortez representa posiblemente la primera generación de candidatas que combinan sin problema ese «look» clásico que exige la política con el buen gusto y algún vestido digno de agotarse de las tiendas, como sucedía con los que llevaba Michelle Obama.

ANGELA MERKEL, CANCILLER DE ALEMANIA

Es tan fiel a las chaquetas abotonadas que ni para una noche de gala se las quita. Cada año asiste al Festival de Bayreuth con una versión del mismo conjunto de falda y chaqueta en distintos colores. Su estilo, o la falta de él, es un ejemplo de los «looks» masculinos de las políticas de más trayectoria

ALEXANDRINA OCASIO-CORTEZ, POLÍTICA DEL PARTIDO DEMÓCRATA DE EEUU

De madre puertorriqueña y nacida en el Bronx, es vista como el futuro de los demócratas. Su estilo es correcto pero desenfadado y muy femenino: a menudo lleva el pelo suelto, vestidos favorecedores en colores pastel y de manga corta

IRENE MONTERO, DIPUTADA Y PORTAVOZ DE PODEMOS

Como afirma la experta Marta de Basilio, el estilo de la pareja de Iglesias «concuerda con su electorado». Es más informal, sin ser desaliñada, combina las americanas con vaqueros y zapatillas

MARÍA DOLORES DE COSPEDAL, EX SECRETARIA GENERAL DEL PP

Luce con frecuencia tonos como el blanco (que denota transparencia) y el rojo (que transmite liderazgo), y de vez en cuando se atreve con botas por la rodilla y cazadoras de cuero.

SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA, EX VICEPRESIDENTA DEL GOBIERNO

El azul rey es un de sus colores favoritos. Es de las políticas españolas que más utiliza vestidos y, a menudo, se pinta los labios de rojo, demostrando que no desea esconder su feminidad.