Inundaciones
C. Conde

La desidia de la Confederación Hidrográfica del Ebro golpea a Santa María de Huerta

La falta de limpieza de los cauces provoca inundaciones en la localidad y en el monasterio cisterciense

Poco a poco, la localidad soriana de Santa María de la Huerta vuelve a recuperar la normalidad tras sufrir unas fuertes inundaciones a causa de las intensas lluvias y el desbordamiento del río Jalón. A lo largo de todo el día operarios de la Diputación soriana, de la Junta, junto con vecinos voluntarios y bomberos de Almazán y Berlanga de Duero, trabajaban a destajo para «limpiar» en la medida de lo posible, los desperfectos causados por el agua.

Pero las críticas no han tardado en llegar, y del propio alcalde de la localidad, Juan Pascual, quien ha responsabilizado a la Confederación Hidrográfica del Ebro de las inundaciones sufridas en el municipio y el monasterio cisterciense, por la falta de mantenimiento de los cauces.

Por ello, ha apelado a la colaboración de todas las administraciones para buscar una solución definitiva y evitar que se vuelvan a repetir las inundaciones en su municipio. «La CHE debe colaborar en la limpieza y preocuparse por tener despejados los barrancos; si lo hubiera hecho, esto no hubiera pasado», ha lamentado.

El subdelegado del Gobierno en la provincia, Miguel Latorre, ha señalado que los daños materiales son cuantiosos y que han afectado a comercios del municipio soriano y al monasterio y ha sostenido que la modificación de las condiciones naturales del entorno del monasterio -roturación de las tierras, desvío del cauce del río y falta de limpieza- han facilitado estas inundaciones.

Mientras, la vicepresidenta de la Diputación, Esther Pérez, afirmó que la situación es «desoladora» y agregó que la institución ha brindado todos los medios técnicos con un operativo para limpiar el pueblos y las carreteras provinciales.

Más contrariado se mostraba el abad del monasterio cisterciense, Isidoro Anguita, quien ha calificado como un «auténtico desastre» lo vivido en el día de ayer en el recinto. «El agua tiró parte del muro y entró en la iglesia, con casi metro y medio. Y también ha entrado en el claustro y en la cilla. Ahora es una auténtica balsa». «La avenida del agua rompió el muro de la huerta, que hizo de dique, y penetró con fuerza en las dependencias del cenobio y arrasó con todo, sin darnos tiempo a abrir las puertas», declaró.