Exposición
Víctor Fernández

Todo el cine en cromos

Una exposición con numerosos ejemplos de este coleccionismo con el séptimo arte como protagonista

Hubo una época en la que el cine no solamente se proyectaba en la gran pantalla sino que tenía una continuidad en todo tipo de cromos. En blanco y negro o color, ocultos en chocolates o caramelos, fue en ellos donde aparecían las imágenes de actores y actrices, los primeros astros que Hollywood presentaba al público de nuestro país. Era también el nacimiento de un coleccionismo compartido por los más pequeños, pero también por los mayores.

Esos materiales son los que podemos encontrar estos días en una exposición que puede verse en el Museu del Cinema de Girona. La muestra reúne una parte de la colección de cromos de cine de Albert Rossich. Son piezas que nos llevan a principios del siglo pasado hasta mediados de los años 60, aunque el recorrido incluye como apertura un álbum de cromos de la saga del joven mago Harry Potter.

Fue en 1910 cuando el cine pasó a ser una industria del entretenimiento, un fábrica de ilusiones en celuloide. Fueron los protagonistas de estas producciones quienes se convirtieron en objeto de culto para los espectadores. Y eso se traduce en los cromos de la época, algunos de ellos entregados en mano al público a la entrada de la proyección, casi un precedente de lo que luego serían los programas de mano. De esta manera se cuelan en estos cromos nombres como los de Charles Chaplin o Francesca Bertini.

Entre las curiosidades en el Museu del Cinema de Girona destacan un tipo de cromos llamados Tickets de Cine, muy populares en los años 10. Eran series cortas de entre 6 y 12 cromos por película. En su dorso d se encontraba el argumento de la escena representada en el cromo y, en ocasiones, publicidad de la misma sala de cine.

Una mención aparte la merecen los álbumes protagonizados por las grandes estrellas, con títulos tan curiosos como «Artistas populares», «Notabilidades de la pantalla», «Artistas célebres del film», «Glorias del cine» o «Los artistas cinematográficos en la intimidad», todos ellos con informaciones reales o imaginadas de los intérpretes de los títulos del momento.

Los cromos también nos ayudan a documentar películas que el tiempo se ha encargado de hacer desaparecer. No hay que olvidar que se suele afirmar que se ha perdido hasta el 70 por ciento de la producción del cine mudo. Gracias a estas imágenes para coleccionistas tenemos información de proyecciones que ya no existen: sus actores, su puesta en escena, su argumento... Es lo que pasa con títulos como «Marta and The Lowlands» (J. Searle Dawley, 1914), «La festa del blat» (Josep de Togores, 1914) o «Liberty» (Jacques Jaccard, 1916).

Los cromos se entregaban con chocolatinas, tabacos e incluso tenían vida como juegos de mesa. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y con la llegada del Tecnicolor, los álbumes también acogieron el color, algo que supo ver un italiano llamado Giuseppe Panini y que supo crear una industria con la edición de cromos para coleccionar.

Dónde: Museu del Cinema de Girona.

cuándo: Hasta el 27 de enero.