Violencia de género
Laura L. Álvarez

Cuatro meses secuestrada por su pareja, que grababa las vejaciones sexuales

El individuo, de 37 años, fue detenido ayer en Fuenlabrada gracias a la denuncia de su novia, de 35.

Lo grababa todo. Tenía obsesión. Al principio escenas de lo más cotidiano, lo cual no parecía tener mucho sentido: dentro del coche, paseando por la calle... Por las imágenes podría parecer que se trataba de una pareja normal, dejando a un lado lo «atípico» de quereralmacenar en varias tarjetas SIM imágenes sin ningún tipo de interés. Pero nada que resultara ofensivo para ella. Él es español, tiene 37 años, reside en Fuenlabrada y había comenzado una relación sentimental con una mujer argelina de 35. Llevaban desde mayo viviendo juntos en una vivienda del centro de la localidad, cercana a la calle Málaga, y pronto llegaron los insultos, después los golpes y por último palizas brutales. Cometió contra ella las vejaciones más crueles que pueden imaginarse. Tenía anulada su voluntad hasta el punto de que estaba encerrada, como si de una esclava se tratase. No podía salir a ningún lado ni comunicarse con nadie si no era en su presencia y él controlando la conversación. Sólo así se explica que la hermana de esta mujer no hubiera denunciado su desaparición. El maltrato psicológico llegaba hasta el punto de que ella aparece en muchas imágenes llorando, de rodillas, suplicando que no hiciera nada y jurando que no diría a nadie lo que ocurría en esa casa de los horrores. Porque este individuo era capaz de partirle la nariz de un puñetazo y luego dejarla herida en casa, sin permitirla acudir a ningún centro sanitario, por lo que no pudo curarse bien de sus heridas, según fuentes policiales. Todo esta grabado. También cómo la agredía sexualmente. Tantos eran los minutos grabados que los agentes encontraron en al vivienda varios teléfonos móviles y una tablet. Afortunadamente, ella fue valiente y, la noche del pasado 25 de agosto, aprovechando un descuido de él, se quedó sola y con un teléfono a mano. Llamó a su hermana, le contó lo que la pasaba y se fue corriendo a la avenida de España. Allí, escondida entre dos coches se reencontró con su familiar y juntas acudieron a dependencias policiales. Una vez relató lo sucedido a los agentes, éstos le detuvieron horas más tarde. Los agentes lograron una orden judicial de entrada y registro, complicado en casos de violencia de género. Fue arrestado y, una vez en el interior de la vivienda, se mostraba nervioso por temor a que los agentes descubrieran que todos sus delitos estaban grabados por él mismo. Tras pasar a disposición judicial, la jueza le envió a prisión provisional.