Educación
Belén V. Conquero

El alumnado venezolano crece un 140%

En el curso 2014/15 se matricularon 1.665 y en el 2017/18 la cifra ascendió a 4.034. «Y eso que no todos logran escolarizarse», afirma un padre.

Andrés tiene 10 años y se muere de ganas de que llegue el próximo viernes 7 de septiembre. Amplía su sonrisa al pensar que, por fin, va a poder volver al cole, va a hacer nuevos amigos. Hace cuatro meses que salió de Caracas junto a su madre Mariana, embarazada de ocho meses. «Voy a empezar quinto de Primaria, en Venezuela estaba en segundo. Allí los cursos no van por edad, si no por los conocimientos que tengas», cuenta con madurez. Sabe que en el nivel en el que le han matriculado «tengo que saber multiplicar, dividir y fracciones». Le gustan las «mates», pero no había llegado aún a este nivel. No obstante, ha encontrado una aliada que le está ayudando a ponerse al día. «Aquí cerca hay una biblioteca donde trabaja una chica que me está enseñando multiplicaciones y divisiones». «Le gusta estudiar, sé que no va a tardar en ponerse al día», insiste su madre.

Andrés es uno de los 430.862 alumnos matriculados para este curso, pero también pasa a engrosar el número de menores venezolanos que estudian en las aulas madrileñas. Una cifra que se ha disparado en los últimos cuatro cursos. En concreto, como confirma la Consejería de Educación, el número de estudiantes venezolanos ha crecido más de un 140 por ciento. Si en el curso 2014/2015 estaban matriculados 1.665, en el que terminó en junio fueron 4.034. Así, se ha convertido en una de las nacionalidades que más ha aumentado en los centros educativos del la región. Y es que sólo el pasado curso, el 2017/2018, el incremento porcentual con respecto al año anterior supuso un 53,4 por ciento. «Y no todos los niños consiguen matricularse», asegura Sergio Contreras, el padre de Andrés.

Madrid capital es la zona que acapara un mayor número de alumnos, concretamente 2.261, lo que representa el 56 por ciento. Entre los distritos con mayor número de venezolanos matriculados están Hortaleza (204), Puente de Vallecas (199), Ciudad Lineal (193), Fuencarral-El Pardo (192) y Latina (162). Por el contrario, los que contaron con menos estudiantes de esta nacionalidad durante el curso 2017/2018 fueron Barajas (31), Retiro (40), Vicálvaro (46), Villa de Vallecas (18) y Moratalaz (17).

La historia de la familia Contreras es la de muchos hogares venezolanos que protagonizan «una diáspora sin precedentes», insiste Sergio. «Es un éxodo de magnitudes bíblicas. Yo tuve que despedirme de mi abuela a la que sé que no voy a volver a ver más». Este periodista de profesión –gerente del diario «El Nuevo País» y la revista «Zeta»– y abogado de formación, terminó en la cárcel de Ramo Verde –la misma en la que estuvo Leopoldo López antes de su arresto domiciliario– por «denunciar con un megáfono las agresiones que estaban sufriendo tres mujeres mayores». Poco después consiguió, como medida sustitutiva, regresar a su casa, pero ante la nueva oleada de represión política «decidimos que lo mejor era abandonar el país».

Así, horas después, Mariana, el bebé que esperaba y Andrés salieron del país rumbo a España, con visado de turista. Esa misma madrugada, «decidí huir», recuerda el patriarca de la familia. Su única vía era alcanzar la frontera de Colombia por lo que, «llené el maletero del coche de mangos con los que superar los 47 puntos de control que me separaban de ella» y recorrió 800 kilómetros.

Antes de cruzar «me tuvieron que conseguir un documento identificativo de alguien al que me pareciera». Y lo obtuvo. Cruzó al país vecino y volvió a montarse en un coche hasta Medellín, otros 2.000 kilómetros. Casi le deportan antes de coger un vuelo rumbo a Madrid, pero consiguió abandonar suelo colombiano. Ya en la capital española estuvo dos días detenido. «Debían decidir si me deportaban o me daban la tarjeta roja –con la que se demuestra que de su condición de solicitante en tramitación de protección internacional–». Y la consiguió.

Fueron cinco días de odisea pero, por fin, logró reunirse con su esposa y su hijo. Y es que Sergio y su familia forman parte de los 35.000 venezolanos que cada día abandonan su país para «no vivir bajo una dictadura». Él abandonó su casa de Maracay –en la región central de Venezuela–, de 2.000 metros cuadrados por buscar la libertad. «Sé que la han saqueado entera», afirma con pena, mientras su esposa da el biberón a Santiago. Nació el 19 de mayo, pero no tiene nacionalidad.

«Mi hijo es apátrida. Aquí no lo reconocen como ciudadano español a pesar de haber nacido en este país y en Venezuela ni saben que existe. ¿Cómo vamos a ir al consulado o a la embajada si tengo orden de búsqueda y captura?», pregunta Sergio. Temen que la situación del pequeño, de ojos vivaces y al que sólo incomoda el calor madrileño de las dos de la tarde, no pueda ni siquiera ir al colegio. «Para conseguir que matricularan a Andrés hemos tenido que llamar a muchas puertas. Tenemos claro que el refrán ''el que no llora no mama'' es completamente cierto en nuestro caso». Reconoce que ha contado con la ayuda de mucha gente, especialmente de Cruz Roja – «han sido fenomenales»–, pero asevera que «existe mucha discrecionalidad entre los funcionarios».

Saben que en España los menores deben, por derecho, estar escolarizados pero, «al llegar a mediados de abril, con el curso apenas terminado, no conseguimos que entrara en ningún centro». Pero, por fin, en una semana conocerá a sus nuevos compañeros. Andrés no se despega de su mochila. «La compramos en Venezuela y ese día nos pareció carísima. Nos costó 10.000 bolívares, sólo unos días más tarde su precio era de 18 millones. ¡Una locura!», exclama Mariana.

¿Qué te gustaría ser de mayor? «Ilustrador», dice tajante el pequeño de 10 años. «Le encanta dibujar, lo hace muy bien», añade su madre. «Hago cosas como los dibujos de Oliver y Benji». Como a cualquier niño también le gusta el fútbol. «Soy del Real Madrid, aunque antes era del Barça», dice risueño.

El aumento de los estudiantes de Venezuela no fue el único colectivo que registró un crecimiento durante el pasado curso, según explica la Consejería. En general, el número de alumnos extranjeros aumentó hasta los 4.048 (+3,2%). El porcentaje de estudiantes de fuera de España creció ligeramente con respecto al curso anterior pasando a suponer el 11% del total de los alumnos de enseñanzas de Régimen General. Concretamente, hay cuatro nacionalidades que representan más de la mitad de todos los alumnos extranjeros que estudian en la Comunidad de Madrid: rumana (21,6%), marroquí (15%), china (7,9%) y ecuatoriana (5,7%).