Drogas
Belén V. Conquero

La incautación de droga en Lavapiés se multiplica por cuatro

La Policía resuelve el robo de las gomas de los parabrisas: las usan los toxicómanos para pincharse heroína. El pegamento también resurge.

«Todo lo que ocurre en Centro termina en Lavapiés, los robos, las drogas... y ahora también los yonquis». La frase es de Begoña Sebastián, presidenta de la Plataforma Barrio Lavapiés que, desde hace cinco años, denuncia la situación de inseguridad que se vive en la zona por la propagación de los narcopisos y de las personas que acuden a ellos a por «la dosis diaria». «Lo peor es que ya no se esconden, lo hacen en la calle, a plena luz del día, sin importarles que pasen a su lado niños o ancianos», denuncia esta vecina, que se conoce al dedillo cada una de las localizaciones de los apartamentos okupados donde se compra y vende droga. Los vecinos son los que más se resienten, sin embargo es la Policía, tanto la Nacional como la Municipal la que maneja los datos de la situación. «En Lavapiés se están haciendo muy fuertes los traficantes de drogas, cada vez hay más narcopisos y las incautaciones de heroína se han disparado», advierte José Francisco Horcajo, del sindicato de Policía Municipal CSIT Unión Profesional. «Sólo hay que darse un paseo por el barrio para darse cuenta de lo fácil que es comprar cualquier droga. El menudeo es constante».

De acuerdo con este sindicato, «en el último año ha aumentado entre un 400 y un 500 por ciento las incautaciones y tememos que esta problemática se pueda extender a otros barrios colindantes», añade Horcajo.

Y es que uno de los principales motivos de esta proliferación es que «existe poca presencia policial», reconoce el mismo agente. Y así lo confirma la plataforma vecinal. «En las próximas semanas nos vamos a reunir con el máximo responsable de los municipales. Conocen el problema, pero queremos que tomen medidas de verdad. No puede ser que pongan un coche patrulla un día en una calle, que consigue que los yonquis no se metan, y que desaparezca los diez siguientes porque en cuanto no los ven, vuelven», sostiene Sebastián. «Y si sólo se dan una vuelta, los drogadictos se cambian a la calle de al lado y listo». Sin duda lo que más les afecta a los vecinos es que «cada vez aparecen más jeringuillas en la calle y ya no sólo consumen la heroína con pinchazos, sino que también usan pipas», reconoce la portavoz. También han observado en los rellanos de algún edificio botes de pegamento, que los toximómanos esnifan.

Una «curiosidad» que le han transmitido los habitantes del barrio a los agentes es que, desde hace meses, «nos comentan que les desaparecen las gomas de los parabrisas de los coches. No sabíamos muy bien si era algún tipo de gamberrada, pero con el aumento de drogadictos que acuden al barrio hemos resuelto el misterio y sabemos que las utilizan para inyectarse la heroína», confirma Horcajo.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los vecinos, es que «en el momento en el que la Policía Nacional consigue cerrar uno de estos narcopisos, los camellos ya tienen localizado otro que, con la ayuda de un rumano al que pagan, ocupan rápidamente», asegura Sebastián. Ahora mismo están pendientes de la orden judicial que les permita cerrar el número 41 de la calle Amparo, donde «han tomado casi todo el edificio». Es más, «hay una vecina jovencita que, cuando llega a casa llama alguna de sus vecinas para saber si la cosa está tranquila y puede entrar. Si ve que no, se compra un pieza de fruta y espera a que le digan que es seguro. Lo hace porque ya hemos sufrido alguna situación violenta, que un vecino haya llegado a su casa y se haya encontrado con una reyerta», sostiene la portavoz de la plataforma. Es ella la que facilita a LA RAZÓN vídeos e imágenes en los que se aprecia como, una mañana cualquiera, en una de las calles del barrio, los drogadictos acuden a «pillar» su dosis.

La situación se ha agravado tanto que participan en la plataforma más de un centenar de vecinos. Gracias a ello, «nos avisamos de los diferentes puntos y vamos localizando las zonas más inseguras». El problema es que, «aunque la Policía Nacional actúa muy rápido, llegan en cuanto los llamamos, luego la Justicia les deja en seguida en libertad», denuncia Sebastián. Cada juez, según explica la Plataforma, tiene una visión diferente. Y pone un ejemplo: «Hace unos meses detuvieron a uno con 100 gramos de heroína, eso conlleva seis años de cárcel. Sin embargo, le soltaron a los pocos días».

Todos los meses los vecinos se reúnen con la Policía Nacional para analizar la situación «y su percepción es igual que la nuestra, que cada día vamos a peor. Poco a poco nos estamos convirtiendo en un gueto», dice con pena la portavoz. Mientras que con los agentes la relación es muy buena e intentan ayudarse mutuamente, con los políticos no lo es tanto. «No les interesa el tema. Jorge García Castaño (concejal del distrito centro) nos dijo cuando llegaron al Gobierno que no había ningún problema, pero tuvo que recular. En las últimas fiestas me dijo que el problema iba a mejor. No quieren saber nada», determina Sebastián.

Las denuncias tampoco las tramitan de forma individual, «hay mucho miedo», sólo las formulan a través de comunidades enteras de vecinos, para «protegernos». Desde la Plataforma ya han tramitado tantas que han perdido la cuenta. En cuanto consiguen una orden para cerrar uno de los narcopisos «lo tapiamos, para evitar que vuelvan». Pero siempre encuentran otro.