Memoria histórica
Angel del Río

¿Por qué no se puede demoler la Cruz del Valle de los Caídos?

Todo el término municipal de San Lorenzo del Escorial es Bien de Interés Cultural y está protegido por la Unesco al ser Patrimonio de la Humanidad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha manifestado su intención de no demoler la gran cruz, de 150 metros de altura, que corona el Valle de los Caídos. ¿Voluntad personal o impedimento legal? ¿Podría Sánchez ordenar la demolición de este monumento sin incurrir en un delito? Hay serias dudas jurídicas. El conjunto no tiene declaración explícita de Bien de Interés Cultural, en parte por «culpa» del Partido Popular, pero podría considerarse que está protegido, al estar situado dentro del municipio de San Lorenzo de El Escorial, cuyo término municipal sí tiene calificación BIC en toda su extensión, y, además, es Bien Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de sitio histórico, desde noviembre de 1984. A Pedro Sánchez le pueden haber asesorado, y aconsejado, que lo mejor es no tocar la cruz, no vaya a ser que se cometa una acción grave contra el patrimonio protegido.

La de Bien de Interés Cultural (BIC), es una figura jurídica de protección del patrimonio histórico español, regulada por la Ley 16/1985, del 25 de junio. Posteriormente fue asumida paulatinamente por la legislación de las distintas Comunidades Autónomas, que participaron en la incoación de expedientes y estudios, con la supervisión del Ministerio de Cultura para la declaración definitiva. En 2006, la Comunidad de Madrid declaraba BIC todo el término municipal de San Lorenzo de El Escorial, en la categoría de Territorio Histórico, sin hacer mención expresa al monumento del Valle de los Caídos, que se encuentra dentro del área protegida.

En octubre de 2011, el concejal de Alternativa Municipal Carlos Zarco, del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, presentaba un escrito ante la dirección general de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, solicitando la declaración del Valle de los Caídos como Bien de Interés Cultural, recordando que este espacio ya estaba reconocido por la Unesco como Bien Patrimonio de la Humanidad, dentro del municipio de San Lorenzo.

No prosperó esta solicitud, y tres años después, en febrero de 2014, el mismo concejal, presentaba una moción en el Pleno municipal, para instar a la Comunidad a que tramitara el expediente de BIC para el conjunto monumental del Valle de los Caídos. PSOE e Izquierda Unida votaron en contra y fueron los votos abstencionistas de los ediles del Partido Popular, los que impidieron que se aprobara esta moción. Quizá los populares entendieron que ya estaba protegido por la Unesco.

La construcción, una pesadilla

El próximo mes de abril se cumplirán 60 años de la inauguración del Valle de los Caídos y de su gigantesca cruz, que inicialmente no figuraba en el proyecto de Pedro Muguruza, aprobado personalmente por Franco. Cuando el arquitecto solicitó al dictador ser relevado como director de obras, la cruz ya había sido incluida en el proyecto, aunque no estaba aprobado por el Consejo de Obras del Monumento. Dicen que fue el propio Francisco Franco, el que hizo un boceto en el que se incluía la construcción de una gran cruz, que sirviera de referencia y localización.

Tras la salida de Muguruza, fueron desestimados todos los proyectos presentados, y el Generalísimo encargó directamente la construcción de la cruz a Diego Méndez. La obra le fue adjudicada, mediante concurso público, a la empresa Huarte y Cía, por un importe de 33.661.297 pesetas. Al terminar los trabajos, el arquitecto, Diego Méndez, reconocía que la construcción de la cruz había sido una auténtica «pesadilla». Su peso, más de 200.000 toneladas de hormigón y cemento; su altura, 150 metros y 46 metros la longitud de sus brazos, eran un reto difícil. Responder al deseo de Franco de «presentar una cruz en lo alto de un risco que trepa a las nubes sin que parezca enana, vulgar de estilo y proporciones», representaba una auténtica pesadilla. Las obras duraron casi ocho años.

La maldición de Juan de Ávalos

Desde el principio se pensó dar grandeza escultórica a la gigantesca cruz y se decidió, finalmente, adosar esculturas en su base. Diego Méndez, previo visto bueno de Franco, encargó esta tarea al entonces joven escultor extremeño Juan de Ávalos. Aunque inicialmente se pensó en esculpir a los doce apóstoles, finalmente, arquitecto y escultor, decidieron que fueran las de los cuatro Evangelistas en el primer basamento y las de las Cuatro Virtudes Cardinales en el segundo. Se eligió como material, la piedra negra de las canteras de Calatorao (Zaragoza), fácil de labrar y resistente a los bruscos cambios de temperaturas que se dan en esta zona de la geografía madrileña.

Tuve la oportunidad de conocer a Juan de Ávalos en los últimos años de su vida. Me contó entonces que la autoría de esta obra le había marcado de por vida, porque se le vinculaba a Franco y se decía de él que era un escultor privilegiado por el régimen, cuando él, ni se consideraba franquista, ni había sido beneficiado por el dictador. «Todo lo contrario -decía-. Haber participado en la obra del Valle de los Caídos, hizo que se me negaran encargos y que mi obra no haya sido valorada justamente. Mi carrera ha sido asociada al Valle de los Caídos, y de esas esculturas se dice que ha sido mi mejor trabajo. No estoy de acuerdo». Y como curiosidad me recordaba, que en el año 1940 le fue incoado un expediente de depuración, fruto de una denuncia que le acusaba de haber colaborado con actividades culturales republicanas en 1936. En 1942 se resolvía el expediente de depuración, en el que se consideraban probados los hechos denunciados, en virtud de una hipotética afiliación al PSOE de Mérida, y por el que se le inhabilita para ejercer cargos directivos en instituciones académicas. Respecto a la construcción de la gran cruz, Juan de Ávalos me contó que no había sido una idea de Diego Méndez, sino del arquitecto y urbanista, Casto Fernández Shaw, hijo del famoso dramaturgo y poeta.