ONU
Martín Prieto

La Gran Kermesse

Decía Churchill que la democracia era el menos malo de los sistemas representativos y que había que esperar a que alguien inventara un mecanismo más limpio y eficaz. Es lo que se puede afirmar de la Organización de las Naciones Unidas, que cambia de Secretario General entre la indiferencia global de lo que hiciera un club privado. La ONU evolucionó hacia el oportunismo que siempre conlleva la miseria intelectual y le ocurre lo mismo que al Nobel de la Paz, que tras tropezones memorables ha nombrado al presidente Santos por una rendición condicional ante las FARC, en contra del pueblo colombiano. La presidenta del galardón es la ex ministra noruega Kaci Kullmann, operadora del negocio petrolífero con Bogotá. Dios los cría y ellos se juntan. Tras la Gran Guerra, el Tratado de Versalles y la Sociedad de Naciones fueron la falsilla para llegar a la Segunda Guerra Mundial, y la ONU de 1945 no aprendió nada de la primera mitad del siglo XX. Su debut con la partición de Palestina fue el holocausto de la diplomacia mundial, con los países árabes generando el conflicto que hoy persiste. Sus secretarios han sido funcionarios internacionales a las órdenes de quienes financian el fastuoso aparato, que son las potencias internacionales, a excepción del sueco Dag Hammrskjold, gran poeta místico, discreto homosexual, muerto en un extraño accidente aéreo cuando acudía a resolver la descolonización del Congo belga. Recientemente el mando militar de la ONU miró para otro lado en las matanzas de los Grandes Lagos africanos y tocó el violín ante la limpieza étnica de serbios sobre bosnios hasta que Clinton y la OTAN tomaron el relevo. Hoy el veto en el Consejo de Seguridad es un lastre y la elefantiasis de su Administración una rémora. El mundo produce más alimentos de los que puede consumir pero la FAO ayuda sin propiciar infraestructuras alimentarias y las hambrunas son endémicas. Pende la sospecha de tacto de codos entre las multinacionales de farmacia y la OMS, que alarma con gripes inexistentes como la mexicana. Un hijo de Kofi Annan se lucró con el tinglado de petróleo por alimentos tras la caída de Irak, y el trabajo de ACNUR para los refugiados es una gota de laúdano ante el drama de las migraciones mediterráneas. Llega a la Gran Kermesse el portugués Guterres, que comisionó ACNUR hasta 2015, socialista y con buena/mala fama de sentimental y buenista, que es lo último que se necesita.

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