Elecciones municipales
Tomás Gómez

Populistas peligrosos

El verano de la Sra. Colau no ha estado exento de polémicas que, con más o menos justificación, dejan un poso de desgaste. Quedan pocos meses para las elecciones municipales y la inamovible inestabilidad catalana, la ambigüedad de la alcaldesa de Barcelona que no ha satisfecho ni a unos ni a otros, junto al retroceso de Podemos con un líder en excedencia y sin ocupar nadie la vacante, han inquietado a la siempre mediática alcaldesa de Barcelona.

Siente la necesidad de hacer algo por mejorar su imagen y, como no desaprovecha un hueco para colarse en los informativos, a veces lanza mensajes no reflexionados debidamente. La última ha sido la crítica de su teniente de alcalde y la concejal de Feminismos a la decisión de ilegalizar el llamado “sindicato de trabajadoras del sexo".

Las equivocaciones nunca son bienvenidas y menos cuando se genera mucha controversia en torno al asunto. Pero el error en el ministerio, que ha sido rectificado por activa y por pasiva por el gobierno, tiene una parte positiva consistente en elevar al debate público la legalización o la prohibición de la prostitución.

Desde la organización de mujeres que ejercen la prostitución defienden el carácter laboral de la actividad y desde otros ámbitos recuerdan la posición del Sr. Rivera, apelan al importante monto económico que supondría para las cuentas públicas la recaudación por prostitución.

Es buen momento para conocer la posición política del Sr. Iglesias y la formación morada respecto a este tema. Lástima que el Sr. Pisarello, número dos de la Sra. Colau y autor de diversas publicaciones académicas sobre los Derechos Civiles, Políticos y Sociales y su relación con valores como la Dignidad Humana, se encuentre de vacaciones y tampoco conozcamos su punto de vista, porque sería chocante que se alinea se con sus compañeros de gobierno.

La cuestión requiere una reflexión más profunda. Dejando fuera del debate la esclavitud sexual, que evidentemente requiere mayor esfuerzo de los poderes públicos para acabar con ella, el debate se centra en el ejercicio consentido de la prostitución.

Es impensable una sociedad en la que voluntariamente alguien pueda adquirir la condición de esclavo de otra, ya tuviera la decisión el origen en una cuestión económica o de otra índole.

Las leyes impiden tal circunstancia porque supondría un menoscabo de la dignidad personal, y son precisamente esos valores y principios los que deben preservarse, no hay fisuras de pensamiento en esto.

Nadie duda tampoco de la necesidad de prohibir determinadas actividades. De esta manera, están prohibidas y declaradas extra commercium, algunas como la venta de órganos, ya un riñón o de un fragmento de médula.

Una mujer, o un hombre, por muy consentidamente que quiera hacerlo, no puede comerciar con un órgano, es una cuestión de dignidad humana y en estos valores éticos se cimenta una civilización. Desde 1985 España se sumó a la prohibición europea de vender sangre, considerando denigrante tanto venderla como tener que comprarla para transfundirse.

De la misma manera es sorprendente que haya quien se oponga a la venta de órganos y defienda, al mismo tiempo, la venta de la sexualidad de un ser humano.

La obligación de un gobierno no es incorporar como legal en el ordenamiento jurídico la humillación y el detrimento de los valores esenciales a la condición humana, sino cambiar las condiciones sociales, económicas y culturales para que nadie esté sin opciones.

Cuando le preguntaron a uno de los fundadores del PSOE que significaba socialismo, respondió que era luchar para que nadie fuese tan poderoso como para arrodillar a los demás, ni nadie tan humilde como para tener que ponerse de rodillas ante otros.