Agencia Espacial Europea
Jorge Alcalde

Descubren agua (ahora sí) en Marte

El hallazgo de una gran masa de líquido en el polo sur del planeta rojo reactiva el debate sobre la posibilidad de encontrar vida. Si algún día la albergó en el pasado o si la alberga hoy, solo podría ser en un ambiente salado, líquido y protegido como éste.

Otra vez agua en Marte! Algunas de las personas que ayer escucharon por primera vez la noticia debieron de pensar que ya estábamos en las viejas andadas. La NASA lleva años realizando anuncios pequeños, medianos y grandes sobre el posible hallazgo de líquido elemento en el planeta rojo. Algunos de esos anuncios fueron precedidos de una expectación universal y de ruedas de prensa multitudinarias que, en no pocas ocasiones, conducían a una ola de decepción.

¡Otra vez agua en Marte! ¿Qué es lo que ha cambiado ahora? ¿Qué hace que el anuncio publicado ayer en la revista «Science» por Roberto Orosei, investigador del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia, sea diferente a los que le precedieron?

Podemos decir que, para empezar, ha llegado de manera más pausada, sin estrépito. Al modo preferido de la ESA (Agencia Espacial Europea) y tan distinto al de su hermana mayor, la NASA.

Pero eso no es lo más importante. La clave del descubrimiento es que por primera vez se contempla la presencia de una masa de agua grande y consistente que sigue siendo líquida a día de hoy y que parece que lleva siéndolo muchos años. No es un fugaz reguero de líquido que se deshiela estacionalmente. Parece un lago en toda regla.

El hallazgo de esa gran masa de agua líquida en las cercanías del polo sur marciano ha venido esta vez de la mano de instrumentos de observación que hasta ahora no habían producido resultados espectaculares. La evidencia se ha obtenido a partir de los datos que recogió el radar MARSIS (Mars Advanced Radar for Subsurface and Ionosphere Sounding), un aparato a bordo de la nave Mars Express de la ESA.

MARSIS emite señales de radio que golpean una y otra vez la superficie marciana y vuelven cargadas de información. La idea es que esas señales son distorsionadas al pasar por diferentes materiales y estructuras geológicas igual que el sonido de una pelota de ping-pong que bota en el suelo es diferente si éste es de madera o de piedra.

Mediante esta técnica, los expertos que han analizado los datos servidos por la ESA han descubierto que la región meridional polar de Marte está compuesta de múltiples capas de hielo polvoriento de una profundidad de cerca de 1,5 kilómetros. Pero entre esas capas destaca un patrón extremadamente brillante. Teniendo en cuenta las temperaturas que se cree que deben producirse en esa zona de la superficie marciana, los científicos creen que dicho patrón brillante solo puede responder a un fenómeno: se trata de una zona de interacción entre una capa de hielo y una masa grande de agua líquida cargada de sedimentos salados. Para que un instrumento como MARSIS sea capaz de recibir ese brillo, la masa de agua que lo emite debe de tener varias decenas de centímetros de grosor. No se trata, por lo tanto, de un mar profundo donde pudiéramos tirarnos de cabeza, más bien es un charco gigantesco de a lo sumo un metro y pico de profundidad, pero con al menos 20 kilómetros de longitud.

No sabemos si en ese lago hay solo agua o se trata de una mezcla de líquido y rocas sedimentarias (solo podríamos saberlo enviando una nave exploradora allí).

Lo que sí sabemos es que las temperaturas a las que se encuentra ese lago son realmente chocantes. En la Tierra existen lagos subglaciales (en la Antártida) a temperaturas de hasta 13 grados bajo cero. El agua en ellos no se congela porque es muy rica en sales. Pero es difícil de concebir en nuestro planeta lagos de agua líquida a temperaturas muy inferiores.

En el área analizada por el instrumento MARSIS de la sonda Mars Express se alcanzan temperaturas de 63 grados bajo cero. ¿Cómo se mantiene entonces el agua sin congelar? La respuesta está en las cantidades de percloratos y sales de magnesio, calcio y sodio que existen en el casquete polar sur marciano y de cuya existencia obtuvo confirmación no hace mucho la nave Curiosity de la NASA.

Los datos no son definitivos. De hecho, la única manera de confirmar que realmente esa emisión de radar responde a la presencia de un charco enorme (generosamente lo llamamos lago) sería sumergir un aparato de observación en él.

Y la idea no sería descabellada porque el estudio de esas aguas puede ser fundamental para el mejor conocimiento de la vida en el cosmos. En algunos lagos subglaciales terrestres existen formas de vida microscópica adaptada a las condiciones extremas del entorno.

Si Marte algún día albergó vida en el pasado o si Marte la alberga hoy de algún modo, solo podría ser en el ambiente salado, líquido y protegido de un lago (charco) como este.