Contaminación
Belén V. Conquero

El Mar Menor: bañarse entre plomo y lodo

Más de 500 vecinos de Cartagena se han unido para denunciar ante la Fiscalía la degradación del Mar Menor. «Nuestras aguas, antes cristalinas, ahora se parecen más a las turbias y marrones del Delta del Mekong, nuestro mar está en la UCI», dicen los afectados

Ángel Monedero es un militar en la reserva que hace más de diez años encontró en el Mar Menor el lugar que buscaba para su retiro. Y es que esta laguna salada cuenta con los máximos niveles de protección medioambiental, tanto internacionales como nacionales. Forma parte de la Red Natura 2000 y se considera Zona de Especial Conservación (ZEC). Sin embargo, ninguna de estas figuras han conseguido evitar su degradación por la que, como afirma Ángel, la laguna «ahora es tierra hostil porque este mar está enfermo y no se le está dando la medicación, adecuada para curarlo». Él no es el único que lo piensa, sino que ya son 554 los vecinos de una urbanización próxima a la localidad de Mar de Cristal (Cartagena), una de las más afectadas, los que se han sumado para interponer una denuncia ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Murcia para que los responsables de este desastre natural se hagan cargo de la situación que han generado.

«Desde 2011 a los agricultores de la zona se les ha dejado hacer lo que han querido. Han pasado de un cultivo de secano, con una cosecha al año, a otro de regadío, que les da cuatro cosechas al año. Así las tierras están en permanente labranza para que las lechugas y el brócoli que demandan alemanes e ingleses crezcan aquí», dice tajante Ángel. Y es que para conseguir este «éxito agricola», los dueños de las tierras han ido «roturando los terrenos en el sentido de su pendiente natural hacia el Mar Menor, haciendo desaparecer los abancalamientos existentes con anterioridad y que permitían el drenaje natural e impedían la situación de inundaciones que se ha creado ahora y, sin las licencias pertinentes», reza la denuncia que los vecinos han remitidido a la Fiscalía y que, de por sí, ya ha abierto una investigación sobre la situación. Ángel es uno de los afectados por estas inundaciones. «Cada vez que llueve se produce escorrentía y mi propiedad se ve afectada. Ya he sufrido tres». Pero, al margen de que «con cada nueva inundación mi casa vaya perdiendo valor y ya no la pueda vender», lo que clama al cielo es la situación de las playas.

«Este año está siendo especialmente desastroso. Los turistas que vienen aquí buscando ese Mar de Cristal por lo que es conocida esta zona se sienten timados. Es como si les hubiésemos hecho el timo del tocomocho. Cuando se levantan por la mañana y se acercan a la playa se dan cuenta de que las orillas están llenas de nata y que nuestras aguas cristalinas ahora se parecen más a las turbias y marrones del Delta del Mekong. Por eso, muchos optan por coger el coche e irse al Mediterráneo», describe Ángel. Y no sólo los viajeros esporádicos, los vecinos de las universidades tampoco se acercan a estas aguas. «A los que veraneamos en La Manga y vemos esa espumita y el color marrón del agua se nos quitan todas las ganas de entrar en el agua y nos desplazamos a otras playas», explica Cristina Roca, presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos del Arco Sur. «Nuestro mar está en la UCI y por eso no vamos a dejar de movilizarnos». Y es que desde el pasado mes de julio no han dejado de concentrarse para que el Gobierno de Cartagena les escuche y los residuos dejen de llegar al mar y se intente recuperar aquella agua critalina de la que gozaban hace menos de una década. Según afirma Cristina, «nos habían asegurado que los vertidos se habían detenido, pero nosotros vemos cómo siguen saliendo y cada vez que tenemos lluvias torrenciales volvemos a tener problemas. El Mar Menor ha llegado a su límite». Hace sólo un día que en la playa de Los Urrutias aparecía un cartel en español y alemán: «Atención. Precaución por fangos». Tuvieron que limitar la zona afectada, aunque con esa advertencia sólo se consiguió que ningún turista o vecino se acercara a darse un baño en toda la playa.

Lo que le está pasando al Mar Menor es que está en pleno proceso de eutroficación. Es decir, está recibiendo más hidratos de los que sus aguas pueden soportar. «Los científicos han determinado que hay más de 200 mg por litro y más de 15 ya se considera peligroso», afirma Ángel. Pero no es sólo el lodo el que se extiende por las playas de Cartagena, la Universidad de Murcia también ha realizado un estudio tras un episodio de fuertes lluvias y tomaron muestras en Mar de Cristal y Playa Honda. ¿Los resultados? «Los valores de turbidez y transparencia que afectan a la calidad del agua aumentan, por la entrada de amonio, silicato y fosfato y por el incremento de metales pesados como plomo y zinc. Además, los cambios en la calidad del agua y el aporte de sedimentos sí suponen un riesgo importante para la integridad ecológica de las comunidades como la Cymodocea nodosa», una planta marina muy característica de la zona. «Todo esto conduce al enfangamiento de las áreas afectadas. En suma, a una pérdida clara de calidad de agua y del fondo para el baño y la actividad turística», concluye el informe. «Éste es el mayor desastre ecológico del Mediterráneo», dice Ángel con contundencia. Y es que apenas se ve a personas paseando por las playas. «Los restaurantes y hoteles de la zona este año ya han contratado a menos gente y estamos convencidos de que el año que viene va a ser peor», añade. A este militar lo que más le preocupa es que su sueño era que sus nietos disfrutaran de su casa, del paraje que adoraba su abuelo, pero ya no existe.

«Queremos que se repare el daño causado en la laguna y se depuren responsabilidades. Pedimos una ecología buena y sana para el Mar Menor», afirma Antonio Casado Mena, el abogado que ostenta la defensa de los intereses de los vecinos.

¿Un problema de salud pública?

En los primeros meses de este año aparecieron en varias playas de la zona afectada lo que se denomina Floración de Algas Nocivas (FAN) o citoplancton tóxico. Este fenómeno puede causar un aumento de la mortalidad de peces de la zona, así como contaminar los productos del mar con toxinas y alterar los ecosistemas. Esto significa que si los mariscos o peces que más tarde servimos para comer están cerca de este tipo de algas, pueden producir intoxicaciones. Es cierto que sólo se han dado casos puntuales de la aparición de este tipo de alga peligrosa, pero los científicos temen que si se sigue castigando al Mar Menor su aparición sea más duradera y en un mayor número de playas.