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Montse Espanyol

Facebook vigilará al «tiburón blanco» desde Barcelona

Medio millón de personas empezarán a trabajar a finales de mes en la Torre Agbar controlando noticias falsas para la red social.

Tiburón blanco destripa brutalmente a una mujer en Premià de Mar». La noticia corrió como la pólvora a través de Whatsapp y Facebook el verano del año pasado. Había muchas pistas que hacían dudar de que fuera verdad que «una mujer ha sido envestida por un tiburón blanco de unos cinco metros de largo en una playa catalana del municipio de Premià de Mar». Empezando por ese «brutalmente envestida» con falta de ortografía incluida, un texto escrito en condicional, sin referencias temporales, donde no se citan fuentes oficiales, en el que los Mossos y no los servicios de emergencias trasladan el cuerpo al hospital, o donde el autor del texto habla de que el tiburón «parecía hambriento», como si lo hubiera visto salivando antes de morder a la víctima. Pero se convirtió en viral, corroborando lo que el profesor Marc Amorós, alerta en su libro «Fake News, la verdad de las noticias falsas», que las noticias falsas se propagan rápido porque logran que la emoción prime sobre la reflexión, bien conmocionándonos, indignándonos, atemorizándonos o reforzando nuestras opiniones.

Antes de darle al botón de reenviar, la gente podría haber desmontado la noticia contrastándola con fuentes oficiales, por ejemplo, ir a la página web de la Generalitat para comprobar si es cierto, como dice la información, que ondea la bandera roja en las playas del Maresme y la Costa Brava. También fijándose en la foto, donde aparecen unos agentes que no van vestidos de mossos. Al ampliar la imagen sale un cartel de «baignade interdite», la fotografía es de Isla Reunión, donde un tiburón sí atacó a un surfista de 13 años. Esta «fake new» no hace daño a nadie. Pero la noticia falsa con más interacciones en Facebook durante el ciclo electoral de las últimas presidenciales en los Estados Unidos, que decía que el Papa apoyaba a Donald Trump y que llevó al Pontífice a decir que leer «fake news» es como «comer caca», se creó para que los católicos votaran al republicano y pudo influir en el resultado.

Las «fake news» se fabrican. Son un negocio. «The Guardian» consiguió la declaración de un joven macedonio que llegó a ganar 4.000 dólares al mes difundiendo noticias falsas a favor de Trump. Marck Zuckerberg, el máximo responsable de Facebook, tuvo que comparecer en el Congreso de los Estados Unidos para responder al alud de «fake news» que han inundado su red en los últimos tiempos. Además de admitir que reaccionó de manera lenta a la supuesta injerencia rusa en campaña, anunció que aumentaría el número de personas dedicadas a detectar y eliminar noticias falsas y otros contenidos inadecuados, de 15.000 a 20.000 a finales de año. Quinientas empezarán a trabajar ya este mes desde Barcelona. Facebook, a través de Competence Call Center (CCC) ha alquilado ocho plantas de la Torre Agbar, según avanzó «Cinco Días». La web de CCC ofrece una treintena de trabajos para Barcelona, administradores de sistema, responsables de RRHH y, sobre todo, «community managers», a los que se pide idiomas. CCC tiene ya un centro como este en Essen (Alemania).