Ciencia y Tecnología
Ernesto Villar

Tengo un tractor inteligente

Más allá de las ciudades, que se llevan todos los titulares, el Internet de las cosas está transformando poco a poco las explotaciones agrícolas. Aquí van algunos ejemplos

El Internet de las Cosas (IoT en inglés) no es solo para la ciudad, aunque lo parezca. Las grandes marcas electrónicas y el marketing tienden a identificar los objetos inteligentes con el perfil del “urbanita”, pero sus aplicaciones van mucho más allá y están transformando, poco a poco y en silencio, el mundo del campo.

¿Ejemplos? Muchos, desde tractores inteligentes a drones con fines agrícolas que controlan las cosechas, pasando por sistemas de control de plagas o de monitorización de explotaciones agrícolas y ganaderas.

Las aplicaciones de todos estos avances son también enormes, entre ellas las de analizar datos para obtener información detallada del cultivo, el suelo y de las variaciones climáticas en tiempo real desde cualquier tablet o smartphone. Además, permiten incorporar sensores para aumentar el rendimiento por hectárea, mejorar la calidad del producto final y ahorrar tiempo y predecir fallos en máquinas, según explican en Orizont, la aceleradora agroalimentaria de la Sociedad de Desarrollo de Navarra (Sodena).

Uno de los avances más llamativos es el de los “smart tractors”, unos tractores inteligentes que sustituyen la cabina del conductor por un completo sistema autónomo basado en cámaras, radares, GPS y sensores que detectan obstáculos y hacen que el vehículo cambie de dirección para evitar impactos.

Para ponerlos en marcha, el agricultor los programa con una aplicación y puede hacerlos trabajar de manera simultánea con otros tractores. Funciona gracias a la introducción de mapas en el sistema, con los límites del campo y, además, incluye un software de planificación de trayectos, afirman en Orizont.

Otro campo de indudable desarrollo es el de los drones, cada vez más empleados en el mundo agrícola. La consultora IDTechEx calcula que el mercado de los robots y los drones para la agricultura mueve ya 2.600 millones de euros al año y prevé que esta cifra se triplique en 2022 hasta alcanzar los 8.900 millones de euros.

Muchos agricultores los utilizan ya para conocer con todo detalle y en tiempo real el estado de los cultivos y, así, realizar una fumigación de precisión. Incluso, en Polonia han comenzado a trabajar con los denominados ‘drones abeja’ para favorecer la polinización mundial debido a la reducción de abejas.

El tercer elemento de innovación es el de la monitorización en línea a través de sensores, que permite a los agricultores conocer desde su smartphone o tablet la temperatura, humedad y tamaño del tallo de la fruta o cultivo. En función del estado de los cultivos cada persona puede adecuar a cada finca el tratamiento de fertilizantes y funguicidas de forma eficaz y precisa. Gradiant, el Centro Tecnológico TIC de referencia en Galicia, afirma que estas aplicaciones pueden llegar a suponer un ahorro de hasta un 30% en el coste de los fertilizantes de muchas explotaciones.

Junto a ello, y en el terreno de la ganadería conectada, cada vez es más frecuente la utilización de herramientas y sensores que miden el movimiento del ganado, controlan su nutrición e, incluso, su capacidad reproductiva. Además, los ganaderos pueden saber en todo momento la localización de los animales para facilitar su recuento y reducir robos.

Por último, los controles de plagas inteligentes a través de sensores remotos, instalados en los Cultivos, permiten avisar a los agricultores sobre cuáles son las condiciones más adecuadas para la proliferación de plagas y las medidas para combatirlas a tiempo.