Toros
Patricia Navarro

Bilbao enmudece a un Román de hierro

Luis David Adame corta una oreja del mejor lote de una complicada corrida de Torrestrella en Bilbao

Por la barriga, sin piedad, viajaban los pitones del primero en la réplica de quite que hizo Román. Supongo que aquello era cuestión de honor, porque había quitado Gonzalo Caballero también por gaoneras y el toro era suyo, de Román, y su momento. Y así lo reclamó. Mientras volaban por ahí a la caza los pitones del Torrestrella viajaba también la memoria a la dureza de la temporada del torero valenciano. Le han herido los toros este año sin tregua. Grave. De la cama a la plaza sin solución de continuidad. Una losa para la cabeza, para el valor, para el sitio en la plaza, un Everest con el toro de Bilbao. No le importó. No hubo el menor rastro de lo vivido con ese “Aguita” que exigió tela, porque nunca jamás le dio por humillar, porque nunca jamás fue metido en la muleta, porque pesó por dentro una barbaridad el toro. Se acostaba, sobre todo por el pitón derecho, y acabó por irse directo a él una vez desenmascarados los papeles. Tragó. Aguantó. Plantó cara al toro por ambos pitones. Mantuvo la compostura. Armó la labor sólida en terreno pantanoso. Se mantuvo en pie cuando a muchos quebrarían las piernas y se fue detrás de la espada con una verdad que le costó una cogida tremenda, fea. Pareció salir ileso. Bilbao no se enteró. Aplaudió al toro (¿?) e hizo saludar al torero. El camino es largo y su valor sincero y se le recompensará, supongo. No fue hoy desde luego. Ni un pañuelo a ese esfuerzo que había sido titánico y ovación para el toro. La cosa no quedó ahí. El cuarto tuvo guasa, porque embestía corto, porque no humillaba, medía, muchos desafíos en una única embestida. Todos los afrontó Román sin exageraciones. Sincero, cruzándose al pitón contrario, asumiendo el percance que podía llegar en cualquier momento porque estaba ahí, a la vuelta de cada media arrancada que amenazaba con ser un tercio e incluso menos. Verdad más verdad igual a toreo, sin las liviandades que lo adornan todo y se premian fácil, lo vemos tarde tras tarde. Y a cambio de poco, porque Bilbao volvió a silenciar, casi enmudeció. Incluso durante, como si el valor de hierro les fuera ajeno. ¿Qué había que hacer?

A lo loco embistió al segundo, sin humillar, a saltos incluso. Gonzalo Caballero, que era su matador, quiso hacerle el toreo tradicional y eso estaba cerca de la inmolación. Salir ileso ya fue el primer triunfo. Meterle la espada el segundo. Ovación para el toro. A lo loco también. El quinto tuvo movilidad sin entrega, también. Resolvió Caballero sin más brillantez y sufrió con un hombro al entrar a matar.

El tercero, con lo que llevábamos, fue rey. Tuvo movilidad y nobleza. Un reino. Luis David Adame lo lució con el capote en las lopecinas después de que Román no renunciara a su quite (no pasaba una. Ni media). El mexicano puso toda la carne en al asador, con las armas que tiene y usa. Los pases cambiados por la espalda, el toreo por ambas manos, las manoletinas del final y cuando estaba todo por dirimir, mató recibiendo que eso es una explosión doble de emoción. Y el trofeo fue suyo. Se recomponía la tarde. La inexplicable tarde. Sin duda se llevó el lote con un sexto que iba y venía, a menos, pero dejó estar. A Luis David se le amontonó la faena, se le agolparon los muletazos, de esa suma que acaba en resta y cerró la tarde. Una tarde rara.

Ficha del festejo:

Bilbao. Tercera de las Corridas Generales. Se lidiaron toros de la ganadería de Torrestrella. 1º, orientado y peligroso; 2º, movilidad sin entrega y complicado; 3º, noble, con movilidad y a menos; 4º, de corta arrancada y sin humillar; 5º, movilidad sin excesiva entrega; 6º, manejable y de noble viaje. Menos de media entrada.

Román, azul y oro, estocada (saludos); estocada trasera y caída (saludos).

Gonzalo Caballero, canela y oro, pinchazo, estocada punto contraria (silencio); pinchazo, pinchazo hondo, dos descabellos (silencio).

Luis David Adame, berenjena y oro, estocada, descabello (oreja); estocada (ovación).