Ferias taurinas
Paco Delgado

En honor a Dámaso

Ficha del festejo

Albacete, 11 de septiembre. Cuarta de feria. Más de media entrada.

Cinco novillos de El Cortijillo y uno, quinto, de Lozano Hermanos, bien presentados pero mansos y de poco juego.

Sergio Felipe (de corinto y oro), entera, oreja; dos pinchazos y estocada, aviso, vuelta al ruedo.

Toñete (de azul pavo y oro), pinchazo y estocada, silencio; pinchazo, entera y descabello, silencio.

Francisco de Manuel (de verde manzana y or), entera, ovación; pinchazo, media y seis golpes de verduguillo, aviso, silencio.

De las cuadrillas lucieron Candela, Javier Perea, Miguel Martín y Juan Carlos Rey

Tal día como hoy, 11 de septiembre, hubiese cumplido años, 71, Dámaso González, el gran Dámaso. Y dos años después de su inesperada y dolorosa perdida, la plaza de Albacete, su plaza, siguió recordándole y homenajeándole. Primero Pimpi, su fiel picador de toda la vida y ahora contratista de la cuadra de picar, depositó un ramo de flores en el platillo del ruedo antes del paseíllo. Y más tarde los novilleros actuantes, que brindaron al cielo en su memoria y respeto.

Luego poco pudieron hacer los de coleta con el material del que dispusieron. Novillos de El Cortijillo y Lozano Hermanos, muy bonitos, de preciosa lámina, pero mansos y poco o nada colaboradores.

Con todo, Sergio Felipe, otro torero de la tierra que no se resigna a su suerte, mimó a su flojo primero con el que anduvo muy dispuesto en una labor de menos a más en la que brilló en el tramo final y que remató con una estocada sensacional que puntuó mucho para que se le concediera una oreja. La única de la tarde.

Pero bien pudo pasear otra del cuarto, suelto de los capotes y que si se dejó pegar en varas no acabó de emplearse en el último tercio. Sí que lo hizo su matador, valentísimo y arrestoso, que toreó con gusto y profundidad al natural, arrimándose y justificándose más que de sobra. Al final se llevó una escalofriante voltereta de la que se levantó sin mirarse y los dos pinchazos que necesitó antes de poner al utrero a los pies de las mulillas le privaron de la puerta grande. Una lástima.

También gustaron las maneras y disposición de Francisco de Manuel, que supo buscarle las vueltas al tercero, llevándole tapado y dejándole siempre la muleta en la cara hasta sacar todo lo que tuvo su manso oponente.

El sexto tuvo cierto mejor son y el madrileño pudo lucir al torear de capa y aprovechó las primeras embestidas para sacar un par de series ligadas con la derecha y otra al natural en una labor inteligente y medida que estropeó al usar más de la cuenta la espada de cruceta.

Toñete, que se despedía de novillero, no pudo hacerlo con la brillantez que hubiese querido. Su primero se ancló al suelo y fue materialmente imposible sacarle un solo muletazo y pese a que lo intentó todo con el quinto, rebrincado y a la defensiva, sólo pudo estar voluntarioso y con ganas.