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Chicote se enfrenta a un restaurante cuya dueña trata con muy poco respeto a sus clientes

Carne que sabe a pescado, un trozo de plástico en la comida o un steak tartar difícil de catalogar son algunas de las perlas con las que se encuentran los clientes de La casuca
La dueña no acepta las críticas y arremete sin contemplaciones contra quien censura la comida, el servicio o los malos modos con los que se atiende
El programa continúa imparable con sus sobresalientes registros; la semana pasada anotó un nuevo récord de temporada con más de 1,9 millones de espectadores y el 11,9% de cuota, el espacio más visto de la cadena en el día

laSexta estrena esta noche, en prime time, una nueva entrega de ‘Pesadilla en la cocina’. “Si usted no quiere seguir esperando, lo mejor que puede hacer es marcharse”. Así responde a uno de sus clientes la dueña de La Casuca, un restaurante de la localidad madrileña de Móstoles que hace varias décadas fue uno de los mejores locales del municipio pero que hoy, en manos de la hija del dueño y su marido, ha perdido a la mayor parte de su clientela. El problema: la familia está dividida en dos bandos. Y para complicarlo todo, son los más inexpertos quienes más mandan.

Alberto Chicote se enfrenta a este restaurante en el que el poco respeto hacia los clientes, los malos modos, una comida de baja calidad y una apatía que empieza a llevárselo todo por delante están haciendo que se hunda con toda la familia dentro. El chef recibirá el encargo de encarrilar el negocio de la mejor manera posible, tarea nada sencilla a tenor del poco entusiasmo que encuentra entre todos los miembros del equipo del restaurante y de la facilidad a la que más de uno se le enciende la llama de la mala educación, los gritos y los nervios.

Una dueña que no acepta las críticas y que arremete contra quien censure cualquiera de sus platos

Unos medallones de carne que saben a pescado por haberse hecho en la misma plancha. Un trozo de plástico en la comida. Un steak tartar de aspecto poco seductor y ejecución reprobable... Estos son algunos de los ejemplos a los que se han enfrentado los clientes de La Casuca. Pese a los errores, cualquier comensal decidido a quejarse no recibe una disculpa sino una brusca contestación de las que dejan completamente helado. Esta actitud, la apatía en el servicio y una comida de cada vez peor calidad están llevando al borde de la desesperación al dueño del restaurante, que dejó a una de sus hijas y a su marido al frente del negocio y que ve cómo La Casuca se va hundiendo cada vez más rápido debido a la desidia y a los malos modos con los que se están llevando las riendas del negocio.

Las deudas a proveedores tampoco ayudan a mejorar una situación en la que el matrimonio muestra una total falta de profesionalidad, de ganas y de cariño por el restaurante que han provocado una situación completamente insostenible. Alberto Chicote tendrá que armarse de paciencia para intentar encauzar un negocio cargado de gritos, malas vibraciones y falta de interés. ¿Conseguirá el chef un cambio de actitud y el acercamiento de una familia a punto de estallar?