María resucitó

Empezaba este 2019 que boquea y en todas las redacciones estaban ya escritos, literalmente, los obituarios de la cantante sevillana

Empezaba este 2019 que boquea y en todas las redacciones estaban ya escritos, literalmente, los obituarios de María Jiménez. Continúan en el cajón, alabado sea el Señor que nunca abandona a los golfos de buen corazón, y esperemos que por mucho tiempo. De momento, la fiera ha grabado un tema con Miguel Poveda que es todo un certificado de resurrección en vísperas de unas fiestas que disfruta, con morigerada alegría porque la salud es lo primero, entre Chiclana y Sevilla. También se resiste a morir la yerba buenísima, igual que dicen que le pasa a la mala, como será asimismo cierta la inmortalidad de las flamencas que en nada envidian a los rockeros. Hace una eternidad, no recuerdo si en el siglo pasado o a comienzos de éste, aprendimos a admirar a este viento huracanado que arrolla por donde pasa sin otro norte que las ganas de vivir. Es imposible acercarse a la artista sin admitir que es una diva, palabra que no en vano pertenece a la misma familia léxica que “divinidad”, y sólo este reconocimiento permite ser iluminado con su genio, el bueno y el malo. A partir de ahí, que le echen un galgo a esta mujer de vida dificilísima y que, por ello, ha hecho de la rebeldía el rasgo esencial de su carácter: la definición de “indomable” del diccionario debiera estar ilustrada con una foto suya. María Jiménez fue feminista hace cuarenta años, cuando la palabra tenía sobre todo connotaciones negativas y proclamarse como tal significaba, al contrario del negociazo que es ahora, jugarse el prestigio, la carrera y puede que hasta la integridad física. “Todo lo que yo te haga, antes ya tú me lo hiciste…”, es la forma más elegante de advertir que va a ponerse el mundo por montera. Otro andaluz universal, Sabina, dudaba si hacer un dueto con ella. “Joaquín, yo canto con el coño”. Lo convenció.