Opinión

PARA HOOLINGANS Y ASALARIADOS

El presidente de la Junta de Andalucía dirige su primer mensaje de Navidad desde Cumbres de Enmedio (Huelva)
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, dirigió su primer mensaje de Navidad desde el municipio más pequeño de Andalucía, Cumbres de Enmedio (Huelva)Junta de Andalucía Junta de Andalucía

Hasta Cumbres de Enmedio, pueblecito serrano de la provincia de Huelva cabe la raya lusa, se fue Juanma Moreno a grabar su primer mensaje navideño como mandarín regional. A falta de capacidad de maniobra y de (sobre todo) dinero para traer un verdadero cambio a la política andaluza, más allá de la salutífera apertura de ventanas, el presidente ha virado el rumbo en lo simbólico, lo litúrgico, lo ritual… lo anecdótico, si se quiere, o quizás lo único importante en esta era dominada por los lectores tardíos de Guy Debord, cuya obra más célebre, «La sociedad del espectáculo», es meritoria e incluso visionaria, aunque sólo debería ser referencia para cerebros adolescentes, tal vez para veinteañeros de maduración lenta, pero nunca para estos líderes talludos que frisan la cincuentena. Separarse, o sea, de Susana Díaz, que eligió en ocasiones semejantes la magnificencia de la Alhambra o del palacio califal de Medina Azahara con un discurso intercambiable en todo menos en el escenario. De parvulito de Antropología, ese aglutinamiento en torno al nosotros como némesis de los otros: porque si ella lo hizo así, ahora yo me voy al último rincón de la Andalucía interior. «Ya verás qué tuits tan molones van a ponernos los cien tontos de Nuevas Generaciones que tenemos amaestrados para tales menesteres», vaticinaría un consejero áulico experto en Social Media Marketing. Como la gran mayoría de los andaluces, el jefe del ejecutivo autonómico no habría escuchado mencionar en su vida el nombre de Cumbres de Enmedio hasta que lo mandaron para allá. Como todos nosotros, no volverá a preocuparse por su existencia en la vida. Empieza a resultar cansina la recurrencia de estos gestos cargados de vacuidad e hipocresía. Sólo buscan el aplauso (comprado) de sus asalariados y el jaleo de sus hooligans.