El amor demográfico al terruño

Las migraciones interregionales en España no son masivas a pesar de las notables diferencias en paro y salarios entre comunidades

Los movimientos migratorios entre comunidades no provocan cambios significativos en la población de cada territorio
Los movimientos migratorios entre comunidades no provocan cambios significativos en la población de cada territorio

En una tertulia radiofónica sostenía recientemente el economista y sociólogo José García Domínguez que, con las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) en la mano, los próximos años verían un flujo muy importante de españoles jóvenes desde regiones en proceso de despoblación interior hacia Madrid y Cataluña. En el segundo de los casos, esto implicaría un efecto negativo en los planes de los secesionistas catalanes al enfrentarse a una cantidad de población joven, bien formada y castellanohablante que chocaría con quienes hacen de la lengua catalana una señal identitaria y diferencial. Me llamó la atención el argumento y me puse a estudiar la información demográfica y de flujos migratorios. No llegué a la misma conclusión.

Lo primero que se observa es que las migraciones interregionales en España no son masivas, a pesar de que las diferencias en tasas de desempleo y salarios sí son notables. Los españoles estamos muy apegados al terruño y poco dispuestos a tomar las maletas para emprender un futuro más próspero en otro lugar de nuestra misma nación. No analizo en este caso las salidas al extranjero. La derivada de este resultado es que no se espera un cambio político notable en Cataluña por una llegada masiva de castellanohablantes.

Para poner cifras a lo escrito, Andalucía en 2018 perdió en términos netos unas 6.380 personas (el 0,0007 por ciento de su población total), Cataluña unos 2.800 (el 0,0003 por ciento) y Madrid recibió unas 7.400 personas (el 0,001 por ciento) procedentes de otras regiones de España.

Como se puede esperar, analizados por edades, los saldos migratorios netos arrojan resultados esperados. Si tenemos en cuenta que aún hoy la edad de jubilación promedio en España está en los 64 años, la mayor parte de personas que salen de Cataluña para fijar su residencia en otros lugares de España son los que están por encima de esta edad mientras que quienes se mueven a fijar su nuevo domicilio en Cataluña están entre los 20 y los 30 años.

Lo mismo ocurre en Madrid pero lo contrario en Andalucía, receptora neta de personas de mayor edad y con un claro saldo migratorio negativo de los más jóvenes.

Por tanto, los movimientos migratorios nacionales son poco relevantes cuando se comparan con el conjunto de la población y se comportan como se espera (las regiones económicas más prósperas –principalmente Madrid–reciben a los más jóvenes y las menos prósperas reciben a los jubilados).

Si ahora ampliamos el ángulo y vemos los movimientos migratorios también desde el exterior, los resultados son también previsibles sin que se constate un cambio en los últimos años. Esto significa que el principal flujo migratorio que recibiría Cataluña procede de África, Asia y Rumanía.

Por último, respecto al total de la población en España, el Instituto Nacional de Estadística espera que crezca en los quince próximos años en 2.356.789 habitantes (un 5,1 por ciento), hasta superar los 49 millones de personas en 2033.

Este crecimiento se debería a la inmigración primero y al aumento de la tasa de fertilidad en las mujeres procedentes del extranjero, después. Para quien desee consultarlo con detalle, me refiero al documento «Proyecciones de Población 2018».

En la misma línea, la proyección del INE espera que el número medio de hijos por mujer sea de 1,41 en 2033, frente al 1,31 actual, si bien el número de nacimientos seguiría reduciéndose hasta 2023. Las estadísticas oficiales del Ministerio de Seguridad Social señalan que sólo entre 2009 y 2018, el número de abortos voluntarios en España fue de más de un millón de no nacidos

De la última referencia del INE (proyección de la población en España a 2033), es muy llamativo al hilo de lo que se trata en este artículo el dato que apunta a que el saldo migratorio entre Cataluña y el resto de España será pírrico (1,3 habitantes por cada 1.000).

Todo el aumento demográfico de Cataluña entre 2018 y 2033 (728.277 personas) procedería del extranjero, a razón de 88,3 inmigrantes por cada 1.000 habitantes.