De populismo y cabalgatas

Es el mal de esta tierra. Un funcionario, por cualificado que sea, no puede discutirle nada al poder político. Ni la antigüedad de una cabalgata ni mucho menos la pertinencia de un convenio urbanístico

Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla
Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla

El amigo al que conocemos como Palomo, luminosa su inteligencia y más brillante todavía su desempeño como opositor, estrenó su importante cargo en esa localidad andaluza de la que siempre se habla el día de la cabalgata de Reyes, porque es la (presuntamente) más antigua de España y porque (presumiblemente) Sus Majestades de Oriente lanzan al público jamones en lugar de caramelos. «Son dos mentiras bien asentadas en el imaginario colectivo –nos resumía una noche en la que ahogaba su desencanto en cerveza–. Se celebra desde 1918, pero en Alcoy ya había una en siglo XIX. Ni siquiera es la decana en Andalucía, que es la de Granada… Y entre los millares de personas que van a verla, una se lleva un jamón por sorteo». En su siguiente destino, se vio empapelado –y luego obviamente absuelto– por las marranadas que hacía otro alcalde, pero su diagnóstico era el mismo y la desazón, idéntica. «Es el mal de esta tierra. Un funcionario, por cualificado que sea, no puede discutirle nada al poder político. Ni la antigüedad de una cabalgata ni mucho menos la pertinencia de un convenio urbanístico que acabas firmando por imposición del pleno municipal. O si no, te atienes a las consecuencias, con lo que para una carrera en el sector público supone indisponer en tu contra a un cacique local de un partido». El esquema se reprodujo con el interventor de las cuentas de la Junta, que advirtió en vano sobre las irregularidades que perpetraban los gobiernos de Chaves y Griñán; al abogado del Estado que quería condenar por rebelión a Junqueras lo limpiaron; y la Junta Electoral Central acabará disuelta por interponerse en planes de Pedro Sánchez y sus socios disolventes. El populismo es un virus que se inocula por cualquier resquicio y que cuenta con la mentira como su más poderoso agente conductor.