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Pablo Remón: «El teatro más vanguardista a veces me aburre y me deja frío»

“‘Doña Rosita’ tiene 120 años y habla de las apariencias, pero nunca han sido tan importantes como ahora”, señala el dramaturgo y director de teatro

El director y dramaturgp Pablo Remón
El director y dramaturgp Pablo RemónManuel Olmedo

Pablo Remón siempre ha escrito y dirigido sus propias obras, hasta que recibió el encargo de llevar a escena «Doña Rosita la soltera». Remón dijo en principio «no» a ese acercamiento a la última obra que Federico García Lorca estrenó, el año antes de ser asesinado. La propuesta, sin embargo, siguió «rondándole» y nació «Doña Rosita, anotada», una interpretación muy personal donde afloran su niñez y las mujeres que lo rodearon –su madre y dos tías, como le ocurrió al poeta granadino–. Tres únicos intérpretes llevan a escena este montaje, con una Rosita situada en los años 80 y descargada del halo dramático.

¿Qué diría Lorca de esta relectura que ha hecho?

Quiero pensar que le resultaría interesante porque las obras son al final seres vivos, no son inmutables. Yo mismo cuando estoy dirigiendo cambio mucho mis textos. Él entendería que cada época necesita un acercamiento a la obra. Lo interesante de un autor como Lorca es que permite todo tipo de miradas.

El teatro de ambos coincide en reflejar el mundo en el que viven.

Hay puntos en común que siempre me han interesado. «Doña Rosita» es una obra muy curiosa: él la escribe en el año 35 y está situada a principios de siglo. De alguna manera es como si estuviera mirando su infancia. Es una obra que no se separa totalmente de la realidad, pero está mirando a una época pasada, muy cargada de melancolía.

Esa historia de una mujer esperando una promesa de matrimonio con un hombre podía no entenderse hoy.

A mí me importa mucho que una obra de teatro te hable de hoy, no me interesa una cosa de arqueología. Habla sobre todo del paso del tiempo, de cómo uno se construye una identidad en el mundo que le toca vivir, casi construye un personaje ficticio para defenderse del exterior.

De personalidades ficticias sabemos mucho ahora.

¿Al tema de las redes sociales se refiere?

Sí, vivimos en un mundo que muchas veces no es real.

Sí, es curioso porque «Doña Rosita» es un personaje de hace 120 años. En ella, se habla de las apariencias, pero las apariencias nunca han sido más importantes que ahora mismo. Cambian los códigos, la moralidad... pero el hecho de que uno está un poco atrapado en la mirada de los otros sigue estando vigente.

¿Cuánto cambia la obra que se escribe hasta que llega a representarse?

Eso depende mucho del autor. Hay amigos que no cambian prácticamente nada, a mí me pasa lo contrario, yo cambio mucho, prácticamente un 50 por ciento y, además, voluntariamente, voy buscando que eso suceda. Lo importante para mí es lo que sucede en el escenario en ese montaje concreto, es importante tener en cuenta quiénes son los actores y en qué sitio se va a representar.

¿Cómo ve la escena teatral actual?

Estamos viviendo un momento bastante potente de escritura nueva y de relectura de obras clásicas. Hay muchas cosas, no me da tiempo a ver todo lo que me interesaría, no paran de salir obras nuevas, autores nuevos... aunque siempre de manera muy precaria. La mayor dificultad es permanecer como creador, muchas veces lo más importante no es la primera obra que hagas, si no poder hacer varias par ir encontrando tu voz. Para eso necesitas una continuidad, claro.

¿Cómo recomendaría elegir una obra para ir a verla y no equivocarse?

Sobre todo se trata de no tener muchos prejuicios. Yo nunca he ido muchísimo al teatro, hasta los veintitantos años había ido muy poco y tenía una idea del teatro como algo un poco antiguo, aburrido incluso. Bueno, mucho teatro sigue siendo así. También era por desconocimiento mío, uno tiene que tener una guía. Un amigo, Emilio Tomé, con el que luego he trabajado, me decía lo que tenía que ver. A lo mejor todo no me gustaba, pero recuerdo las experiencias. Lo importante cuando uno va al teatro es que se convierta en una experiencia, que no sea como cuando ves la tele. Es muy variado hoy. A lo mejor una cosa de la que todo el mundo sale fascinado a ti no te convence. A mí me pasa con autores y con obras, con los que puedo decir «es fantástico, pero no es mi cuerda».

¿Con quién le ha pasado?

Me pasa más que con un nombre concreto con el teatro más moderno, más vanguardista. a veces me aburre y me deja frío. También me pasa con el más comercial. Me atrae un término medio, algo que no sea lo que ves en la tele, pero tampoco una obra con la que no pueda relacionarme de ninguna forma.

El perfil

Pablo Remón reconoce que le es difícil separar el humor de su escritura. Hasta ahora, había dirigido siempre piezas teatrales propias y el Teatro Central de Sevilla ha sido testigo de ello. Es uno de los creadores destacados de la escena española, a donde llegó procedente del cine, donde opta al Goya por el guion de «Intemperie».