«La ducha de hidromasajes costó unos 400 euros, más la obra, y no estaba en el zulo»

El bautizado como “comando antifraude” desvela que se justificó la adquisición en que un ex alto cargo «sudaba mucho»

En la imagen, Antonio Barreda y Luis Escribano, en Sevilla
En la imagen, Antonio Barreda y Luis Escribano, en SevillaManuel Olmedoa

Fueron fichados como asesores de la Consejería de Empleo, Formación y Trabajo Autónomo de la Junta y bautizados mediáticamente como el «comando antifraude». Pero algo se quebró y los cesaron hace casi un año. Antonio Barreda y Luis Escribano aseguran que aún hoy nadie les ha dado «explicaciones públicas ni privadas» del motivo de la invitación a irse. ¿Por qué tardaron casi veinte días en hacer públicas sus salidas? «Había un problema grave, sobre todo conmigo. Estaba en excedencia en Servicios Sociales y me comentaron que no cobraría nada hasta que volviera a un puesto de funcionario», admite Escribano.

Preguntados por si creen que el llamado Gobierno del cambio ha llegado para quedarse, Barreda responde rápido: «Ha llegado para heredar el régimen». Sostiene que «el PSOE supo con dinero público de los Presupuestos mantener una estructura clientelar, no tanto en las ciudades como en los pueblos. Crearon los instrumentos necesarios para intentar un poco resarcir la deuda histórica que tenían con los braceros, pero el Tribunal Supremo tumbó la reforma agraria que idearon y cambiaron la estrategia», dice. «En el libro ‘La tela de araña andaluza II’ –escrito por él y el periodista Pedro de Tena– se detalla cómo se apropiaron de la Junta y cómo entraba la gente en ella, lo que después fue la ‘Administración paralela’. Los nuevos han venido a heredarlo», añade.

Escribano anota que «fueron modificando la primera normativa de Función Pública cuando vieron que habían creado un sistema tan rígido por oposiciones que no les permitía que entraran los que ellos querían. Todo eso se ha heredado y lo estamos padeciendo ahora», lamenta.

Estos días ha copado titulares una supuesta habitación secreta escondida tras una estantería en dependencias de la Consejería de Salud en la que había, según se ha difundido, una columna de hidromasaje, un sofá, una mesa y una televisión con vídeo. Barreda mantiene que no se ha descubierto nada, ya que su existencia se conoce desde 2006. «Había una serie de problemas complicados en ese departamento que los sindicatos denunciamos porque había una parálisis absoluta y llegó un punto en que todas las centrales sindicales nos reunimos e hicimos un escrito avisando del zulo y de nuestras demandas. Salió en El Mundo y se asustaron, hasta hubo un consejo extraordinario de dirección». Tira de memoria y explica que se hizo una obra en la planta baja de la consejería para reubicar elementos que estaban fuera y ahorrar en alquileres y «cuando se llegó a ese despacho vieron que si ponían la mesa al lado de la ventana, quedaba un hueco muy grande; y si colocaban la estantería de cierta forma, quedaba a oscuras, por eso la adelantaron. Para no dejar ciego el hueco de detrás, por si había que poner cables, tuberías o lo que fuera, decidieron que la estantería se abriera y se cerrara, pero no tiene elementos trampas al tocar un libro ni nada», ironiza. «Y luego vino la segunda parte con la ducha ¿no?», irrumpe Escribano. «Sí –responde la otra mitad del ‘comando’–, la columna estuvo en la puerta de la consejería, la dejaron allí durante las obras, no se cortaron. Era agosto. Nos trasladaron que el ex alto cargo que ocupaba el despacho sudaba mucho, pero en la consejería había duchas para mujeres y para hombres y nos pareció innecesario», manifiesta.

Barreda asegura que el aparato con chorros de hidromasaje «costó sobre unos 400 euros, más la pequeña obra que tuvieron hacer para que llegara el agua», pero quiere dejar claro que «no estaba en el zulo», sino «en el aseo del mismo despacho» en cuya antesala, afirma, «hay un ‘oficce ‘del que no se habla». «Existe en muchas consejerías», apostilla Escribano, a quien no le resulta extraño que hubiera un televisor en la habitación reencontrada. «Casi todos los directores tienen uno en su despacho para ver los plenos del Parlamento, por ejemplo», dice.

¿Hay más cubículos escondidos? «Se ha hablado de algún apartamento, pero son comentarios, denunciados, no», manifiestan.

El Ejecutivo autonómico planea poner en marcha una oficina anticorrupción. Cuestionados por si creen que contribuirá a destaparla, Escribano parece tenerlo claro: «No va a servir para nada», augura. «La primera noticia que hubo de ella fue con Montero –María Jesús, ministra de Hacienda–, con un proyecto de decreto contra el que alegamos denunciantes de corrupción y luego el Consejo General del Poder Judicial en la misma línea, porque era una barbaridad. En el último momento, quisieron meterla con calzador modificando la Ley de Hacienda, pero no salió adelante y ahora el nuevo Gobierno quiere retomarla con una ley», expone. E hila: «Sé que hay muchos denunciantes que están contentos con la oficina, pero se equivocan, no va a servir, como no lo hace la que tiene la Intervención General del Estado». ¿Por qué cree que no funcionará? «Cuando se denuncian presuntos delitos de políticos, todo el mundo se lava las manos porque saben que es trabajo para muchos años y que habrá presiones». Ambos lanzan: «¿Cuántos jueces entran?». Se autocontestan: «Alaya –Mercedes–». «Con el tema de la corrupción hay mucha cobardía y no sólo por las represalias a los funcionarios», remata Escribano.