Juanma Moreno encara el 40 aniversario del 28F sin oposición real a la vista

Adelante se halla en su proceso de desmembración y el PSOE-A, en «shock» tras los ERE y con Díaz desdibujada, se ha limitado a encargar un concurso infantil de pintura

El Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, saluda a gente antes de un actoMaría José López Europa Press

«El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con correr más que los otros antílopes», reza un proverbio africano. Juanma Moreno encara el 40 aniversario del 28F con la bandera del andalucismo en una mano y en la otra el sable de la confrontación a cuenta de la financiación –la política del Ministerio de Hacienda es terreno abonado al agravio– y de la igualdad entre los territorios de España. Juanma Moreno ha pasado en poco más de un año de estar a las puertas de una gestora para el partido a gobernar sin oposición por parte de las formaciones de izquierda –con los de la derecha mantiene un pacto parlamentario, en un caso, y de gobierno, en otro– por incomparecencia. Del «Andaluz, éste no es tu referéndum» que lastró a la derecha durante cuatro décadas se ha pasado a un presidente popular con imagen moderada y centrista, pese al acuerdo con Vox, y lazo doblemente verde –por Andalucía y por el ecologismo– en la solapa defendiendo los intereses de la región en Bruselas en tanto el PSOE-A convoca un concurso de dibujos escolares para el 28F y Adelante Andalucía se fagocita en su última aventura de corte trotskista.

Diferentemente iguales. Susana Díaz y Teresa Rodríguez han puesto una alfombra al Gobierno de PP y Cs. Camino expedito y sin visos de oposición real en una legislatura con presupuestos ya pactados, con su posibilidad de prórroga, como para finiquitarla. Iguales en la diferencia. Las pugnas internas de partido han alejado tanto a Susana Díaz como a Teresa Rodríguez de la prioridad de hacer oposición real al Gobierno «del cambio». La primera, ahora plegada a las consignas de Pedro Sánchez. La segunda, enfrentada al ahora vicepresidente del Gobierno, lo que no deja de ser una paradoja como posible acceso directo a reivindicaciones para Andalucía. Ambas ni se plantearon la opción de pactar. «Con usted, ni muerta», llegó a decirle Teresa Rodríguez a Díaz en el Parlamento mientras que la ahora ex presidenta prefirió pactar con Cs que con «el populismo» de Podemos.

Los fabricantes pensaban que el uso de la gasolina con plomo mejoraría el rendimiento de los vehículos. El Concorde parecía el avión del futuro. El DeLorean, el coche que todo el mundo querría. Teresa Rodríguez parecía una gran opositora con Susana Díaz como presidenta, con quien tuvo réplicas mucho más duras que con Juanma Moreno, al punto de admitir públicamente que debía moderarse en las formas. Las promesas de futuro no siempre desembocan en éxito. La «spanish revolution» va camino de la década. Dos legislaturas han pasado del hito del 15M, con sus acampadas, y de las masivas manifestaciones que supusieron un punto de inflexión en la política y las calles. De un tiempo a esta parte, Rodríguez se agarra al escaño de Adelante y al sustento parlamentario en tanto monta una alternativa que antes de Podemos apenas obtenía el 0,2% de los votos, 22.000 votos en las generales de 2011. El peso en Podemos del trotskismo era menor. En el Parlamento, pese a ello, seguirá controlando 11 de los 17 escaños de Adelante. En este tiempo, la oposición ha sido más dura contra Pablo Iglesias que contra Juanma Moreno. El nuevo coordinador de IU no tiene la sintonía con Rodríguez que gastaba Maíllo y además es un líder extraparlamentario, por lo que IU tendrá que defender su espacio para ser visible. No hace mucho tiempo, la sensación era que los mandos y los simpatizantes de la «nueva» izquierda –que en realidad ha resultado ser muy añeja– estaban entre la gente, en la trabajadera. Podemos e IU sumaban 20 escaños en 2015. Ahora no pasan (juntos) de 17, que con la salida de Rodríguez serán 11 más 6. Perdieron 300.000 votos juntos.

El PSOE post ERE, por su parte, se halla inmerso en la búsqueda de su espacio y con una líder, Susana Díaz, tan desdibujada que trata de vestir de errores –«Yo me equivoqué, Pedro acertó», dijo en el Parlamento para sonrojo de propios y extraños– lo que el presidente del Gobierno ha reconocido como acierto por la vía de los hechos al pedir la abstención o el apoyo de PP y Cs para la investidura y así evitar otro proceso electoral. Sumado al descalabro electoral de Cs tras pisarle los talones al PP y Vox a golpe de un estruendo cada vez más desapercibido, Juanma Moreno llega como una gran andalucista –que en su proclama del 28F celebrará el día 24 en el Museo de la Autonomía, en Coria, una reunión del Consejo de Gobierno. Antes, el día 20 se conocerán las medallas del 28 de Febrero, una con el nombre de Manuel Clavero Arévalo– y como el político más valorado, por méritos propios y, sobre todo, deméritos ajenos.