Opinión

Medallas

No es casualidad que se haya instituido una distinción con el nombre de Manuel Clavero Arévalo –muy pertinente para Rafael Escuredo–, representante del mismo andalucismo preñado de españolidad del que se enorgullece Antonio Burgos y que encarna, mejor que nadie, Curro Romero

AV.- La Junta distingue a Antonio Burgos y Curro Romero como Hijos Predilectos de Andalucía 2020
El matador Curro Romero durante un concierto de Isabel Pantoja EUROPA PRESS (Foto de ARCHIVO) 16/03/2011 EUROPA PRESS

En otoño hará cuarenta años justos que Antonio Burgos publicó su «Libelo contra Madrid», un opúsculo entre satírico y antropológico que le publicaba nada menos que Planeta (todo el mundo en pie) al rebufo de la ola autonomista que había desencadenado el primigenio 28F. Los caciquillos del Estado de las Autonomías han llevado sus desmanes mucho más allá de lo que el autor reclamaba, por supuesto en broma, en la enésima comprobación de que, tristemente, la realidad siempre termina superando a la ficción. No podía caer mejor, por consiguiente, su nombramiento como Hijo Predilecto de la región en esta efeméride redonda que se apresta a celebrar la Andalucía oficial, el segundo del llamado gobierno del cambio.

“Para rematar, una media verónica despaciosa alla maniera del Faraón de Camas, se reconoce el Mérito a los Valores Humanos a la Legión”

No es casualidad que se haya instituido este año una distinción con el nombre de Manuel Clavero Arévalo –muy pertinente y fair play la medalla para Rafael Escuredo–, tan injustamente denostado, representante del mismo andalucismo preñado de españolidad del que se enorgullece el maestro de periodistas y que encarna, mejor que nadie, su pareja de baile en el acto del viernes, Curro Romero, quien también ha destilado magisterio en su oficio, un arte mayor que no en vano se denomina «fiesta nacional». Para rematar, una media verónica despaciosa alla maniera del Faraón de Camas, se reconoce el Mérito a los Valores Humanos a la Legión, tradicionalmente basada en Ronda, en el centenario de su fundación por Millán Astray, que no participó en el putsch del 18 de julio porque, valga el recordatorio para los cineastas amnésicos, estaba conferenciando en la academia de West Point, impartiendo formación a la flor y nata del ejército estadounidense. ¡Qué lejos habitan estos tres prohombres de la perversa versión del himno de Blas Infante! «Sea por Andalucía, los pueblos y la humanidad», cantan hoy quienes pretenden amputar la palabra España, y era ésta una variante cada vez más normalizada en la anterior administración juntera.