«Los guantes y mascarillas del fondo marino de la Costa Azul pueden acabar en Gibraltar»

Greenpeace avisa de que podría necesitarse un siglo para que los protectores faciales se descompongan. Aboga por que se vendan «con un depósito» de dinero y por las sanciones

Vista de los elementos encontrados en el fondo marino de la Costa Azul por la organización sin ánimo de lucro Opération Mer PropreLa RazónLa Razón

El sonido de la indiferencia puede provocar daños irreparables. El mal reciclaje de materiales ya había afectado al medio ambiente antes de que Covid-19 hiciera su sonada entrada en escena, pero la pandemia puede contribuir a su envenenamiento aún más. Entre las obligaciones y recomendaciones sanitarias a las que ha obligado el coronavirus se encuentra el uso de elementos protectores como las mascarillas, los guantes o geles hidroalcohólicos que suelen distribuirse en envases de plástico. Preguntado al responsable de la campaña de Residuos de Greenpeace, Julio Barea, sobre cuánto puede tardar una mascarilla en descomponerse, traslada a LA RAZÓN que ésta «no deja de ser un plástico más de usar y tirar». Añade que existen muchos tipos y que «no hay literatura» sobre el tiempo que se necesita para que se deshagan, pero, «si se compara con algo parecido como son las toallitas húmedas o ‘tissues’, en su caso se requieren unos 100 años». Es decir, hará falta alrededor de un siglo para que el protector facial se desbarate «en microfibras de plástico». Barea anota que, «según un colegio médico», en este periodo de convivencia con el coronavirus, «se han comprado 659 millones de mascarillas quirúrgicas, sólo de esa clase», lo que supone «más de 1.300 toneladas de plástico».

«Es imprescindible controlar esto de alguna manera», advierte, para sumar que, a su entender, «lo más sensato es venderlas con un depósito» y así «no se tirará ni una». Se refiere a que al adquirir una mascarilla «se deje otro euro», además del que suele costar, «que te devolverán» al llevarla de vuelta con el fin de que «se deposite en un contenedor adecuado» y «no se ponga a nadie en peligro». En ese punto recuerda que «no se pueden tirar al contenedor amarillo» sino que se deben depositar «en el de restos orgánicos». «Por responsabilidad –argumenta–, no sólo ambiental, ha de hacerse así por las personas que tienen que recoger la basura, que se pueden contaminar», avisa.

El portavoz de Greenpeace mantiene que «hay ayuntamientos que se plantean sancionar» a los ciudadanos que lancen directamente esos materiales a los espacios públicos y se muestra a favor de esas medidas, dado que «la situación puede ser dantesca», si no se actúa. «Un grupo ecologista francés –la organización sin ánimo de lucro Opération Mer Propre– ya ha detectado, tras apenas un mes y medio de uso masivo, guantes y mascarillas en el fondo marino de la Costa Azul, que pueden acabar en Gibraltar», lanza. «En la costa mediterránea española ya tenemos, desgraciadamente, y faltan las que lleguen de Madrid y otras zonas del centro del país desde los ríos», lamenta.

La concienciación «verde» de algunos no será suficiente, teme, por lo que aboga por «sancionar, igual que a la gente que se ha saltado el confinamiento, lo que se ha vigilado hasta con helicópteros y drones», vuelve a la carga. Lo que queda por venir da vértigo, por eso recalca que «los guantes no son necesarios, según las autoridades sanitarias», y que «lo mejor es extremar la higiene y lavarse las manos con jabón y agua, si es posible, porque los geles también están envasados en plástico». Este 2021 iba a suponer el final de plásticos de un solo uso como las bolsas o las pajitas, con el impulso de Europa, pero Covid-19 puede hacer cambiar el ritmo también aquí y romper el esquema dibujado.