Militancia

“El doctor presidente del Gobierno es capaz de solidarizarse con la muerte de un asesino en una cámara en la que tres de sus representantes legítima, democrática y pacíficamente elegidos fueron asesinados por la organización terrorista del finado”

Esta semana un camionero que buscaba que le despidieran para jubilarse de una vez se agarró una curda de las que te hacen perder años de vida y llamó a la Guardia Civil para que le detuvieran. Tan beodo iba el buen e imprudente señor que confesó su estrategia. Cuando quintuplicas la tasa de alcohol permitida al volante es inevitable que te vuelvas más locuaz. Me recuerda a mi amigo L. en la fiesta de su 18 cumpleaños en el desaparecido Alquimista; es curioso lo que uno puede llegar a echar de menos el pestazo a fritanga, tabaco y cubatas resecos de ese tugurio de la Malasaña ya desaparecida que se te pegaba a la ropa como si fuera resina. El caso es que después de hacer su pertinente hidalgo de J&B cola como marcaba la tradición, que por si alguien todavía no lo sabe consiste en beberse una copa de un trago, y mientras le llevábamos a hombros como un torero, alguien en plena euforia le pasó otra copa y le volvimos a jalear para que lo repitiera. Mi amigo, ya bastante tocado y con cara de sufrir un apretón en plena feria de Sevilla, prefirió echárselo por la cabeza y empaparnos a todos. Y hubo aplausos y gran regocijo, que dirían los Monty Python. Esas muestras de efusividad, aplausos, sonrisas, miradas cómplices, palmadas en la espalda, manos extendidas al cielo, muy propias de ese momento y ese estado, hace tiempo que se trasladaron al congreso de los diputados. Ver una sesión parlamentaria a día de hoy es como meterse a husmear en una discusión de una red social entre @0jit0conmigo y @el_putoamo. Son todo frases lapidarias, escaqueos sofistas, neologismos sin sentido creados en ese mismo momento o con antelación en el despacho de cierto Iván. El relator que lo relate. Los nombres de las redes son inventados, valga la aclaración, aunque seguramente existan. Que cada cual le ponga el triángulo invertido, la bandera de turno o el emoticono que considere adecuado junto con las sutiles palabras con las que suelen definirse. Por cierto, ¿alguien se ha fijado en la tendencia creciente entre los perfiles de políticos de poner PhD Student o PhD Candidate o doctorando? Gracias a Pedro cualquiera se apunta a una tesis. Decía el escritor mexicano Octavio Paz que los poetas nunca deben militar en iglesias ni partidos. Su poesía se vuelve pobre, decía, cuando se nutre de consignas. Desgraciadamente esta devaluación de la política que describía con su maestría habitual Alsina en uno de sus últimos monólogos, unida a la costumbre de definir y detallar en redes hasta la regularidad intestinal del usuario, han conseguido uno de los sueños onanistas de todo político que se precie y especialmente de nuestro país: no ya que los poetas militen sino que toda la sociedad lo haga y se empobrezca con ello. Y por eso hemos llegado al punto en el que el doctor presidente del Gobierno es capaz de solidarizarse con la muerte de un asesino en una cámara en la que tres de sus representantes legítima, democrática y pacíficamente elegidos fueron asesinados por la organización terrorista del finado. Incluso hay tres salas en la cámara alta con los nombres de las tres víctimas; uno de ellos del antiguo PSOE para más señas. El suicidio de un preso es sin duda un fallo del Estado pero ni el presidente es la figura, ni el Senado la cámara en la que ofrecer disculpas. Y mucho menos por estrategias políticas. Pero, siendo este un problema grave, no es el peor. Decía que la oscura fantasía de los políticos y pesadilla de Paz se ha cumplido porque ahora los militantes, del PS en este caso, tienen que defender a su líder y compartir sus vergonzantes palabras precisamente porque las ha dicho él. No hay reflexión, no hay lugar a la duda. La guerra es para espíritus fuertes. O abisinios desteñidos o kirguises de Occidente. El matarife o el cerdo. Por eso el abogado Calvente tiene miedo. Capaces son de llamar anti constitucional –ahora incluso a Podemos, que vino a tumbar su texto y lo que de él emana, le gusta aprovechar la Constitución lo mismo para promover la república que para calzar una mesa– al que se oponga. El otrora utilísimo insulto de fascista suena demasiado fuerte ahora, ya volverá. Y lo harán también cuando llegue el momento de congelar el sueldo a los funcionarios como lo han hecho con el recorte selectivo de sueldos de Podemos. Y así, mientras el presidente se ha tragado su hidalgo sin pestañear, sus militantes sonríen, le aplauden y le pasean en hombros empapados en lo que ha derramado. Impregnados de un pestazo resinoso que, lejos de quitárselo, se lo dejan puesto para dejar claro en qué banda están. Y con gran regocijo.