Jesulín de Ubrique, 30 años de matador y 27 de fenómeno mediático

Dieciséis meses después del peculiar destape de cicatrices en TV se encerró en solitario para 9.000 mujeres en la plaza de Aranjuez en medio de una apoteosis de lencería femenina que hoy merecería la condena de muchos sectores

El próximo lunes, 21 de septiembre, se cumplen 30 años de la alternativa de Jesús Janeiro Bazán, Jesulín de Ubrique, que se convirtió en matador de toros con sólo 16 años en el coliseo de la localidad francesa de Nimes de manos de José María Manzanares y en presencia de Emilio Muñoz.

Aquel doctorado supuso un indiscutible acontecimiento taurino, pero el evento no dejaba adivinar el impresionante fenómeno mediático que el jovencísimo torero encarnaría después.

Jesulín había llegado a su alternativa precedido de una apabullante trayectoria novilleril, en la yema de un cartel que hizo fortuna a finales de los ochenta que completaban otros novilleros del momento como Finito de Córdoba o Antonio Borrero, Chamaco.

Jesús Janeiro ya sabía lo que era llenar plazas desde que actuaba sin caballos en los pueblos de la serranía de Cádiz. Manolo Morilla, su definitivo descubridor y primer apoderado, supo ver el potencial de aquel diamante en bruto para diseñar y promocionar sus primeros pasos en la profesión convirtiéndole en una sensación novilleril entre 1989 y 1990, las dos únicas temporadas con picadores.

El neófito, vestido de blanco y oro, hizo el paseíllo flanqueado por José María Manzanares y Emilio Muñoz a los sones de la obertura de la ópera ‘Carmen’ de Bizet. El maestro alicantino le cedió un ejemplar llamado ‘Correcostas’ del hierro de González Sánchez-Dalp, que Jesulín brindó a su padre, Humberto Janeiro, recientemente fallecido.

Jesulín cortó una oreja al toro de la alternativa después de una faena de gran fondo profesional y confirmó cualquier duda sobre su capacidad fajándose con el complicado ejemplar que hizo sexto. Los numerosos profesionales congregados en Nimes dieron su aprobación. Ya era matador de toros.

De Nimes a Écija

El torero fue homenajeado aquella noche en un multitudinario banquete al que no faltó el alcalde de Nimes, Jean Bousquet. Pero al día siguiente había que madrugar para cumplir el segundo contrato de su carrera como matador en la plaza de Écija.

El equipo de Jesulín, con Manuel Morilla a la cabeza, había alquilado un potente bimotor para aliviar aquel periplo que incluía el viaje a Sevilla, el desplazamiento a Écija en automóvil y, prácticamente sin solución de continuidad, desandar el mismo camino para volver de nuevo a Nimes y torear su tercera corrida como matador en tres días.

El pasaje lo formaba el torero; su apoderado Manuel Morilla; Humberto Janeiro; un fotógrafo que inmortalizó los detalles del viaje y hasta seis periodistas. Jesulín no dudó en aceptar la invitación de los pilotos para ponerse a los mandos. Hubo sustos, oraciones musitadas y una ovación de gala cuando el aparato, sin novedad, aterrizó en el aeropuerto sevillano de San Pablo.

Jesulín volvía a compartir cartel en Écija con Emilio Muñoz. La terna la completaba la primera figura del momento, Juan Antonio Ruiz, Espartaco, que brindó uno de sus toros al nuevo matador, gran triunfador de aquel festejo -cortó dos orejas a un gran ejemplar de Peralta- que abarrotó el coso ecijano. Pero no había tiempo que perder. Había que volver a subir de nuevo al bimotor para volver a Nimes. Había comenzado su definitiva historia taurina.

Retrato de una época

Jesulín sufrió un profundo bache personal y taurino después de su alternativa que le llevó a romper con Morilla -para volver después- y poner su carrera en manos de Simón Casas. El torero tocó fondo a raíz de la gravísima cornada de Zaragoza, el 22 de abril de 1991. Pero el joven diestro renació de sus cenizas a raíz de la faena instrumentada a un toro de Diego Garrido en la feria de San Miguel de Sevilla del 92.

Estaba a punto de fraguarse el personaje. En la noche del 4 de mayo de 1993, Antena 3 emitía el espacio ‘Queremos Saber’ bajo la batuta de Mercedes Milá. Se trataba de someter a examen la realidad de la fiesta de los toros y se había invitado para ello a diestros como José María Manzanares, José Miguel Arroyo, Joselito, y al joven matador de Ubrique que empezaba a abrirse paso en primera fila.

En el transcurso del programa, una persona del público le preguntó si su toreo tenía “truco”. Jesulín se levantó, se dejó caer los pantalones y enseñó los costurones de sus primeras cornadas como respuesta. Pero aquel lance estaba preparado de antemano. El encargado de hacer la pregunta había sido un popular “barman” sevillano que participaba en el plan.

La fecha de aquel número televisivo marcó el inicio del fenómeno mediático que rodeó la figura de Jesulín de Ubrique. Dieciséis meses después de aquel peculiar destape de cicatrices se encerró en solitario para 9.000 mujeres en la plaza de Aranjuez en medio de una apoteosis de lencería femenina que hoy merecería la condena de muchos sectores. Arrancaba un tiempo frenético.