A sangre y fuego

“Ambos autores, Chaves Nogales y Pérez Reverte, se curtieron en el periodismo, recorrieron mundos, asistieron al auge de peligrosos líderes y se enmarcan en esa tercera España alejada de sectarismos”

Tal vez no haya título más oportuno que éste de Manuel Chaves Nogales al escribir sobre la monumental novela de Arturo Pérez Reverte, «Línea de fuego». Ambas no sólo comparten la última palabra como sinónimo de destrucción y se desarrollan en plena Guerra Civil, sino que son dos excelentes muestras de cómo el espanto de una batalla o de una lucha cuerpo a cuerpo puede quedar condensado y descrito de tal modo que desmonta el adagio de que una imagen vale más que mil palabras y logra que el lector se convierta en un incómodo y horrorizado testigo. Ambos autores se curtieron en el periodismo, recorrieron mundos, asistieron al auge de peligrosos líderes y se enmarcan en esa tercera España alejada de sectarismos de los dos extremos, que llevaron a Chaves Nogales a huir de España y que se encuentran tras los ataques a Pérez Reverte, que afronta con su particular ingenio. «A sangre y fuego» es uno de los títulos más imprescindibles del pasado siglo y que todo español debería leer y tener en su biblioteca; por cierto, en apenas dos semanas se editará un estuche con las obras completas de Chaves Nogales, todo un acierto. En cuanto a «Línea de fuego», tras sumergirse durante casi 700 páginas en el horror que supuso la batalla del Ebro y por ende todo conflicto bélico, quien firma estas líneas se quedó con ganas de más y sintió cierta sensación de orfandad por no poder continuar con las tribulaciones de Gorguel, la entrega de Pato, las andanzas de Selimán, la osadía del fotógrafo Chim o la valentía del alférez Santiago Pardeiro, por sólo citar algunos de los muchos milicianos, requetés catalanes, comisarios políticos, falangistas, brigadistas y legionarios, entre otros, presentes en la novela y que sufren una sofocante sed en pleno mes de julio, bombardeos ajenos y propios, además de innumerables batallas cuerpo a cuerpo al terrorífico grito de «a degüello».

Hace cuatro años se realizó una película para televisión presente en el catálogo de Amazon, «Ebro, de la cuna a la batalla». Canal Sur participó en la misma y contó con presencia andaluza gracias a la productora Agus Jiménez, el compositor Pablo Cervantes, los actores Manuel Morón y Adolfo Fernández, en la piel de Manuel Azaña y Juan Negrín, respectivamente, así como Alfonso Sánchez, que encarnaba a un oficial al frente de jovencísimos soldados republicanos. Hay algunos ensayos sobre la batalla del Ebro, pero para saber más sobre la Guerra Civil es imprescindible la excelente colección «España en armas», de Ediciones Espuela de Plata, sello de la prestigiosa editorial sevillana Renacimiento. Han transcurrido 15 años desde el primer volumen, «Un año con Queipo de Llano», escrito por Antonio Bahamonde, delegado de propaganda de los militares sublevados que, espantado por los desmanes que presenció, decidió escapar a Argentina y publicar este libro denuncia, cuyo magnífico prólogo viene firmado por el historiador Alfonso Lazo, autor de otro libro en esta colección, «Historias falangistas del sur de España». En esta obra de referencia indaga sobre la ideología del fascismo español y aporta mucha luz sobre sus más ilustres militantes, los intentos de notables falangistas por salvar la vida de Lorca y Miguel Hernández y el carácter laico de la Falange en oposición a otros sectores más vinculados con la Iglesia, entre otros aspectos que resultan un perfecto complemento a la lectura de la fascinante novela de Pérez Reverte.