Susana Díaz no se dejará encandilar por cantos de sirena ni de Madrid

Quiere volver a dirigir un PSOE-A más amable, actual y dialogante, y que su victoria en las primarias sea el revulsivo para regresar a San Telmo

La socialista Susana Díaz, en la sede regional que el PSOE-A tiene en Sevilla
La socialista Susana Díaz, en la sede regional que el PSOE-A tiene en SevillaRD_La Razón

El set de habilidades que necesita alguien para escalar posiciones en un partido político es variado e incluye el saber administrar tiempos y la capacidad de esquivar mezquindades. En noviembre de 2013, Susana Díaz fue elegida secretaria general del PSOE-A en un congreso regional extraordinario del partido. Logró el 98,63% de los votos, sin nadie enfrente, y se convirtió en la primera mujer en alcanzar ese puesto. Antes, en septiembre de aquel año, ya había roto esa barrera de género al convertirse en presidenta de la Junta, por el paso atrás de José Antonio Griñán. De su mano se abrió un «nuevo tiempo» y en 2015, tras adelantar casi un año las elecciones autonómicas, el 35,4% de los sufragios y un pacto con Ciudadanos (Cs) la llevaron a ser la máxima dirigente electa del Ejecutivo regional, en el que se mantuvo hasta los comicios regionales de diciembre de 2018, cuando, pese a ganar, fue la primera socialista en ser apeada del poder en más de tres décadas. Antes, el centro de gravedad del partido entero se movió, cuando en mayo de 2017 perdió, empujada por la plana mayor del «aparato» oficial de la formación, las primarias en las que la militancia resucitó a Pedro Sánchez.

Ahora Díaz quiere que otras primarias, las que podrían celebrarse a finales de año, le permitan revalidar la Secretaría General del PSOE andaluz y eso sea el revulsivo, envuelto en relato, que la impulse para recuperar San Telmo, palacio sevillano que acoge la Presidencia de la Junta. Es consciente de que los críticos, algunos de los cuales antes formaban prietos sus filas, no se lo van a poner fácil. Aseveran sin ningún disimulo desde hace meses que procurarán que se vaya. Pero la socialista está mentalmente preparada para aguantar esos envites. Dos años intensos de aprendizaje en la oposición y de vivencias personales que incluyen una segunda maternidad, le han ayudado a recolocarse. Sabe que es bastante probable que desde Madrid intenten encandilarla en algún momento con ofertas, que podrían dirigir su carrera hacia otros lugares del país. Pero también se siente fuerte para, cual Ulises en su regreso de la guerra de Troya, esquivar los cantos hechiceros de sirenas. El héroe griego se apoyó en su tripulación para evitar el influjo de esos seres mitológicos y Díaz lo hará en un partido al que ha intentado transformar con ella en el tiempo de oposición. Ha puesto en primer término a caras nuevas, jóvenes en muchos casos, y ha pretendido lograr un PSOE-A que resultara más amable, actual y dialogante, que estuviera, en definitiva, menos a la defensiva tras el zarandeo de la pérdida del Gobierno autonómico y el lastre de la corrupción, y centrado ahora en la pandemia.

Se han restablecido además puentes con otros partidos con presencia en el Parlamento regional, como los integrantes de Adelante Andalucía e incluso Cs. Y ha habido tiempo para la reflexión sobre los errores cometidos. La dirigente socialista cree que debieron acelerar en la universalización de la escuela de cero a tres años, básica para avanzar en conciliación, y tiene el firme propósito de que Andalucía invierta más en I + D+ i, si vuelve a dirigir un Ejecutivo. Ha comprendido que tal vez actuaron tarde en el asunto de las fusiones hospitalarias, que sacó a miles de andaluces a las calles en defensa de la sanidad pública, y entiende que se enrocaron en el tema del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que no supieron explicarse. Ha asumido que en sus mandatos hubo equivocaciones y apostará por enmendar las que pueda e innovar. Está dispuesta y decidida a luchar a campo abierto, cuando llegue el momento.