Llanto japonés al no encontrar parientes en Coria después de 400 años

El profesor Toshimichi Yamamoto se desplomó cuando reveló que no había encontrado relación entre el genoma de los cien vecinos con apellido Japón y los ciudadanos del país nipón

Imagen de archivo de la estatua de Hasekura Tsunenaga situada en Coria del Río en honor a los japoneses
Imagen de archivo de la estatua de Hasekura Tsunenaga situada en Coria del Río en honor a los japoneses

La relación entre Japón y Coria del Río (Sevilla) se remonta a hace más de cuatrocientos años, y de hecho entre los 30.000 vecinos de la localidad hay centenares que se apellidan Japón, pero las pruebas de ADN demuestran que no hay rastro de parentesco, revelación ante la que no pudo aguantar el llanto el científico nipón que dirigió el estudio.

El profesor Toshimichi Yamamoto, de la Universidad de Nagoya, rompió a llorar cuando comunicó a los vecinos de Coria que no había encontrado relación entre el genoma de los cien ciudadanos con apellido Japón a los que extrajo sangre y los japoneses de Sendai, la ciudad de la que partió en 1613 la Misión Keicho, que abrió la histórica relación.

Juan Manuel Suárez Japón, profesor de historia, ex dirigente político y autor del libro “De Sendai a Coria del Río”, mantiene que el origen de la relación es por los japoneses de la misión comercial y religiosa que se quedaron en la localidad sevillana, y recuerda con nitidez el dolor del profesor cuando comunicó que no existía esa relación de parentesco.

El historiador José de Contreras, sin embargo, rechaza que el origen del apellido Japón en Coria se deba a la Misión Keicho y lo sostiene tras analizar 16.000 documentos entre padrones de vecindad, partidas sacramentales, escrituras públicas y expedientes matrimoniales, entre otros documentos de la época.

LÁGRIMAS INCONTROLABLES

Yamamoto reunió a los corianos a los que extrajo sangre en el centro cultural y les dijo que, “desgraciadamente, no había encontrado un ADN común, y lo hizo pidiendo perdón a la gente por haber alentado expectativas que no era capaz de ratificar. Tanto él como su traductor no pudieron evitar salir llorando de la emoción de no poder darnos la alegría” de confirmar ese parentesco, explica Suárez Japón.

Katsuhiko Imae, guía turístico y traductor del científico que comunicó las conclusiones de las pruebas de ADN financiadas por el gobierno japonés, reconoce que también lloró al enterarse de los resultados de los estudios, y justifica su pena porque tenía “gran ilusión” en poder “abrazar” a sus parientes de Coria y gritar: “¡Somos hermanos, somos familia!”.

“Ahora puedo entender que no tiene importancia que el resultado fuera negativo o positivo, porque existe un sentimiento de amistad sólido entre nosotros y podríamos decir que estamos en una nueva historia de amistad entre corianos y japoneses”, añade Imae, que desde hace treinta años lleva a Coria a turistas que visitan Sevilla.

Cuando se tomaron las muestras de sangre, tanto el profesor Yamamoto como el director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela, Ángel Carracedo, advirtieron de la dificultad de encontrar la relación de parentesco, recuerda Suárez Japón, quien a pesar de los resultados asegura que “nos sentimos herederos de los japoneses que llegaron a esta orilla hace cuatrocientos y pico de años”.

VISIÓN ROMÁNTICA

José de Contreras rebate esta teoría preponderante de la relación entre Coria y Japón, que califica como “fabulosa historia de tintes románticos” tras investigar en el Archivo Parroquial y el Histórico Provincial de Coria, el Archivo Histórico Municipal de Sevilla, en la Institución Colombina de Sevilla, el Archivo Historico Nacional y el Archivo General de Indias.

“Sin menosprecio de Coria, que tiene un papel muy importante en la Embajada de Keicho, hay que reconocer el papel mucho más importante que tuvo tanto la ciudad de Sevilla como el municipio de Espartinas (Sevilla)”, sostiene Contreras, cuyo padre, José de Contreras, impulsó en la década de 1990 la investigación sobre la Misión Keicho.

Tras la muerte de su padre en 2012, Contreras se implicó en el estudio de esa misión y “después de estudiar todo lo publicado hasta entonces vimos que todos se copiaban unos a otros y muy pocas veces se aportaba información nueva”.

El grupo investigador que creó ha concluido que “el apodo y apellido Japón es anterior a la Embajada de Keicho y se encuentra directamente relacionado con América” y que fue Bartolomé Rodríguez Japón el primero del que empezó a usarlo entre 1632 y 1636. Además, era pelirrojo y, por tanto, “es improbable que su origen fuera oriental”.

“Los individuos con el apellido Japón en Coria del Río durante el siglo XVII y XVIII pertenecían a una sola familia”, subraya Contreras, quien añade que esta denominación no empieza a utilizarse en la localidad sevillana hasta 1646 y que su uso se generalizó a finales del siglo XVII.

RELACIÓN ACTUAL

En cualquier caso, la relación entre Japón y Coria se mantiene con fuerza entre la población, donde junto al río hay una escultura del samurái jefe de la Misión Keicho, Hasekura Tsunenaga, a la que “peregrinan” los turistas japoneses, asegura el guía.

También existe una asociación hispano japonesa que esta semana ha organizado un año más un acto en memoria de las víctimas del terremoto que afectó al país oriental hace diez años, con un concierto y una ofrenda floral al río al que llegaron los primeros japoneses que visitaron oficialmente Europa para una misión comercial y relgiosa, que fracasó, por cierto.

Los actos en Coria por el terremoto y el tsunami de Tohoku comenzaron en Coria en 2014, año en el que participó el diseñador japonés Kenzo Takada, fallecido en octubre pasado, con una conexión en directo con Japón.

Además, el príncipe heredero de Japón, Naruhito, visitó Coria en 2013 y plantó un cerezo, un árbol simbólico para los nipones, junto a la estatua dedicada a Hasekura.

También escuchó la canción ‘Hanawasaku’ (‘las flores florecerán’), un canto a la esperanza interpretada por un coro escolar coriano que aplaudió efusivamente y que fue seguido incluso con lágrimas por acompañantes de su séquito, emotivo momento que aún se recuerda en la localidad.