Más solidaridad y menos dinero para cooperación en el año de la pandemia en Andalucía

El aumento del voluntariado en 2020 contrasta con el despido de un tercio de la plantilla de las ONGD, que la Coordinadora Andaluza achaca a los recortes en financiación pública

Mujeres senegalesas participando en uno de los proyectos de la ONGD Fundación Musol
Mujeres senegalesas participando en uno de los proyectos de la ONGD Fundación MusolBenito Pajares

La pandemia del coronavirus ha golpeado a todo el mundo. Ningún país ha escapado a la covid desde que en diciembre de 2019 saltara el primer caso en la ciudad china de Wuhan. Desde aquel “paciente cero” ha transcurrido un año y medio y las consecuencias de la crisis sanitaria han derivado en una crisis social sin precedentes desde la II Guerra Mundial, cuyo alcance todavía tardará en emerger totalmente.

En su Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2020, las Naciones Unidas alerta del desigual impacto de la enfermedad no solo entre países, sino dentro de un mismo país, golpeando con especial virulencia a la población vulnerable. Su secretario general, António Guterres, expone que la covid “ha exacerbado las desigualdades e injusticias existentes. En las economías avanzadas, las tasas de mortalidad han sido más altas entre los grupos marginados. En los países en desarrollo, los más vulnerables –incluidos quienes trabajan en la economía informal, las personas de edad, los niños, las personas con discapacidades, los pueblos indígenas, los migrantes y los refugiados –están en riesgo de verse aún más afectados”. En esta línea, advierte sobre los grupos más afectados: “En todo el mundo, los jóvenes sufren los efectos de manera desproporcionada, en particular en el mundo laboral. Las mujeres y las niñas se enfrentan a nuevas barreras y amenazas, que van desde una pandemia de violencia en las sombras hasta las cargas del trabajo de cuidados no remunerado”.

Un panorama que corrobora la Coordinadora Andaluza de las ONG de Desarrollo (ONGD) en su informe 2020, donde recoge el trabajo realizado por 62 de las entidades que la integran. Ante “un año muy exigente”, las entidades reconocen que tuvieron que “multiplicar esfuerzos para dar respuesta a las necesidades básicas y la garantía de los derechos humanos y sociales”. La crisis ha aflorado la vena solidaria en la comunidad: el voluntariado andaluz aumentó un 28% (10.382 personas frente a las 8.077 colaboradoras de 2018, el último año del que se ofrecen datos); y se fortaleció el apoyo con cuotas de socios con casi cuatrocientas mil, un 14% más. Sin embargo, las plantillas de las ONGD se redujeron de manera drástica, perdiendo uno de cada tres trabajadores de Andalucía, pasando de 1.851 a 1.180 (un 36,3% menos), que achacan a los recortes de la financiación pública.

Pese a ello, su labor repercutió en cinco millones y medio de personas de 48 países, principalmente en África Occidental, Centroamérica y Caribe y América del Sur. Las personas a las que van destinadas estas acciones son mayoritariamente mujeres (3,3 millones el 60,72%), un porcentaje que consideran “reflejo de la feminización de la pobreza y la desigualdad a nivel internacional”. En total, se desarrollaron 477 proyectos de las ONGD, con una inversión de 89,5 millones. La gestión de estos fondos está encabezada por Solidaridad Internacional Andalucía (9,6 millones de euros), Medicus Mundi Sur (8,9) y Madre Coraje, con 7,9 millones de euros.

Cada vez más lejos de la Agenda 2030

El balance resalta que el ODS 5, referido a la igualdad de género, estuvo presente en el 59% de las intervenciones. Las vinculadas a la salud (ODS 3) representan el 44%; la erradicación de la pobreza (ODS 1) figura en el 35%: mientras la lucha contra el hambre (ODS 2) lo hizo en el 33% de los proyectos y la apuesta por promover sociedades justas, pacíficas y con instituciones sólidas (ODS 16) se incluía en el 32% de los proyectos. Esto se tradujo en que el ODS 5 lidera también el mayor volumen de fondos, con 46,7 millones de euros. La lucha contra el hambre aglutinó una inversión de 32,7 millones; y la salud 29,7 millones de euros. La mayoría de la población destinatarias vive en África Occidental, el 40,7% (2,2 millones de personas) y se invirtieron 21,3 millones en 86 proyectos; seguida de Centroamérica, con casi 900.000 personas y 108 proyectos por 18,7 millones.

La alerta de las Naciones Unidas apunta a un retroceso social histórico. Las proyecciones indican que la pandemia “volverá a empujar a 71 millones de personas a la pobreza extrema en 2020, lo que sería el primer aumento de la pobreza mundial desde el año 1998″. De ellas, muchas son trabajadores de la economía informal cuyos ingresos cayeron en un 60% en el primer mes de la crisis de la covid-19. Apunta que una probable reversión de los avances en la reducción del trabajo infantil a nivel mundial por primera vez en 20 años. Antes de la pandemia, la ONU reconoce que “no estábamos bien encauzados para cumplir con los Objetivos para el año 2030″, cuya “Década de Acción” comenzó precisamente en 2020.

Financiación liderada por la AACID

La mayor parte de los proyectos de la CAONGD en 2020, el 52%, se financiaron, al menos parcialmente, con fondos propios. La cofinanciación pública estuvo liderada por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, dependiente de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación, que respaldó el 37% de las acciones. Entidades socias locales en los países de ejecución aportaron fondos a 163 proyectos (el 34%). Entre las entidades públicas también destacan los ayuntamientos de Málaga (25 proyectos), Córdoba (23) y Sevilla (19), así como las diputaciones de Córdoba (25) y Sevilla (19). El Gobierno de España, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, financió 16 proyectos.

En Andalucía, se desarrollaron 340 proyectos, centrados en la educación para el desarrollo y la acción social, principalmente, con una inversión de 19,6 millones de euros y casi 400.000 participantes.