Opinión

Arando con Alberto

“Es tildado a menudo Garzón de zangolotino y no es tratamiento que debiera ofenderlo a la vista del apunte biográfico que de él ofrece Wikipedia”

Lucas Haurie

Los ministros andaluces, como los gaditanos del Beni, nacen donde les da la gana y así lo demuestran los protagonistas de la semana, el valenciano de Córdoba Luis Planas y el logroñés de Málaga Alberto Garzón. Anda el primero atribulado con las declaraciones del segundo, que ha puesto al sector cárnico español a caer de un burro en un medio de referencia de uno de sus principales mercados para la exportación. Y no es la primera vez los ganaderos hallan motivos para dolerse con las andanadas del dirigente comunista, cuyo sentimiento de piedad hacia la cabaña bovina excede con mucho el que le inspiran los once millones de rehenes del castrismo genocida, valga la redundancia.

Es tildado a menudo Garzón de zangolotino y no es tratamiento que debiera ofenderlo a la vista del apunte biográfico que de él ofrece Wikipedia, sin ir más lejos: «En el año 2004, participó en la fundación de Estudiantes por una Economía Crítica, una asociación de la que fue presidente hasta 2008…». De la quinta de 1985, resulta que el Excelentísimo Señor del Consumo frisaba la treintena cuando enredaba aún por la universidad y la había sobrepasado generosamente mientras presidía una organización estudiantil. ¡Qué brillante trayectoria académica!

A partir de aquí, claro, toda posibilidad de medro pasa por blindarse en una organización política, en su caso el mortecino PCE. Esta trayectoria hasta la cumbre misma de la administración del Estado no es una anécdota, sino el síntoma de una democracia deficiente por el escaso talento de su dirigencia. Hoy ha sido la cuota gubernamental de Podemos por la querencia del personaje a la gansada, pero mañana podría ser casi cualquier responsable cualquier partido. Con estos bueyes aramos… en explotaciones extensivas e intensivas.