Conflicto

«Mi familia en Ucrania está dispuesta a luchar porque otra opción no hay»

Andalucía se moviliza para enviar ayuda humanitaria al pueblo ucraniano asediado por Rusia

Medicamentos, ropa térmica, alimentos... Todo es poco para ayudar a los ucranianos que están sufriendo los horrores de la guerra. La parroquia de San Demetrio de Tesalónica, en Sevilla, se ha convertido en un improvisado almacén donde sevillanos y ucranianos trabajan de la mano organizando la creciente ola de solidaridad que se ha generado tras la invasión llevada a cabo por Rusia. En Andalucía residen 17.000 ucranianos, 8.000 de ellos en Sevilla. La mayoría están viviendo estos días con incertidumbre, pegados al teléfono comunicándose con sus familiares y atentos a las noticias sobre la guerra, que avanza de forma letal dejando un reguero de desolación. Vasyl Nychkalo reside en Sevilla desde hace algo más de diez años. En Ucrania tiene a sus padres y demás familiares, concretamente en una ciudad cerca de la frontera con Polonia que, de momento, no ha sido bombardeada. La guerra todavía queda lejos físicamente, pero la desesperación ya se intuye. Sin embargo, reconoce que «están dispuestos a luchar porque otra opción no hay».

«Está siendo una agresión muy fuerte y cada día es más peligroso», advierte mientras ayuda a vecinos y compatriotas a descargar cajas y a organizar el material de ayuda. «Acabamos de enterarnos de que el ejército ruso ha atacado la mayor central nuclear de Europa», comenta asombrado. Los ucranianos no están dispuestos a rendirse. Ni mucho menos. «Los hombres que pueden manejar armas se están organizando, así de momento protegen sus ciudades». Los familiares de Vasyl están «fatal y muy preocupados», aunque el lógico miedo no les bloquea y resisten.

Voluntarias hacen acopio de alimentos y ropa
Voluntarias hacen acopio de alimentos y ropaKiko HurtadoLa Razón

¿Cuánto se alargará el conflicto? «No soy político, pero todo el mundo quiere que se acabe pronto», dice ante la contundente respuesta internacional contra las intenciones de Rusia. «Putin tiene su estrategia y parece que está loco».

Mientras, decenas de furgonetas llenas de cajas llegan a la calle Santa Clara. También muchos sevillanos acuden con bolsas con productos de primera necesidad, que se amontonan y luego se clasifican. Dentro del templo, el padre Dmytro Savchuk atiende el teléfono y supervisa la operación. Las cajas van tomando altura encima de los bancos, ocultando las imágenes sagradas.

Curro Sánchez es un voluntario que va distribuyendo productos entre una vorágine de órdenes e indicaciones. «Rotulamos las cajas en ucraniano para que cuando lleguen allí no haya confusión». Los camiones con el cargamento humanitario salen al país eslavo semanalmente. «Hace poco llegaron seis furgonetas cargadas hasta arriba. La gente está colaborando muchísimo».

Sánchez constata que los ucranianos residentes en Sevilla muestran entereza a pesar de la guerra. «La geopolítica es algo bastante complicado», subraya, además de sospechar de los anunciados corredores humanitarios. «No sabemos si se respetarán o será una maniobra para atacar a más civiles», lamenta.