Gripe aviar: otra pandemia detrás de la creciente sequía

En Andalucía hay una veintena de focos que no suponen un peligro para productores ni consumidores

La industria aviar está sometida a constantes controles
La industria aviar está sometida a constantes controles FOTO: La Razón La Razón

La historia es cíclica y las pandemias van y vuelven de la mano del hombre. Ahora empezamos a controlar el coronavirus, pero hay otras pandemias que permanecen latentes y que brotan cuando se dan unas condiciones específicas. Es el caso de la gripe aviar, con 22 focos confirmados en Andalucía que, de momento, no suponen una señal de alarma para el sector ganadero ni para los consumidores. «Desde finales del siglo pasado existen cepas, denominadas H5N1 de origen asiático, que están circulando y han generado enfermedades de influenza aviar, afectando a aves silvestres», asegura a LA RAZÓN Antonio Arenas, presidente del Colegio de Veterinarios de Córdoba y catedrático de enfermedades infecciosas. En epidemiología nada es arbitrario. Todo está interconectado y la sequía que estamos padeciendo es un elemento potenciador más de esta enfermedad. El razonamiento es sencillo: «Si hay sequía el agua se concentra, al igual que las aves», señala Arenas. La gripe aviar es densodependiente, «tiene mucho que ver con la densidad de hospedadores sensibles. Si hay mucha densidad la probabilidad de contagio es mucho mayor, por lo que se puede extender más».

Sin embargo, sus efectos son distintos dependiendo de la zona. En países pobres o en vías de desarrollo la infección tiene una gran repercusión porque las personas «tienen una mayor interrelación con las aves afectadas». Son familias dedicadas a la venta de pollos o gallinas, un negocio fundamental para el sostenimiento doméstico. Por tanto, la gripe aviar puede saltar fácilmente a los humanos porque «las personas han tenido un contacto amplio con los animales infectados, al desplumarlos», subraya Arenas. Sin embargo, en los países desarrollados está implantada la industria aviar, con sus correspondientes controles, donde se detectan los focos más rápidamente.

Las cepas que circulan por España «no tienen mucha repercusión». «Son de linajes que vienen circulando con frecuencia, sobre todo por el centro de Europa. Hay brotes que se controlan mediante el sacrificio obligatorio de los lotes afectados y la restricción de movimientos», apunta Arenas, además de reconocer que la enfermedad «ocasiona un grave perjuicio económico para la industria aviar y la ganadería». En Andalucía, según datos de la Consejería de Agricultura, en las zonas de restricción alrededor de los focos hay unos 5 millones de aves de corral en unas 600 explotaciones.

En este punto, Arenas lanza un mensaje tranquilizador porque la industria aviar «tiene un nivel sanitario y de bioseguridad que puede asombrar a cualquiera». Tal y como apunta, las medidas «son altísimas y el control que hay sobre los animales también es muy exhaustivo, por eso se han podido detectar los focos». El primero en Andalucía se declaró a comienzos del pasado mes de febrero en una nave de pollos de engorde en Villarrasa (Huelva), donde se detectó «un descenso del consumo de agua y pienso y, al día siguiente, el 4% de los pollos murieron».

Nada más declararse el foco la Junta activa un completo protocolo que obliga, en primer lugar, a inmovilizar la explotación afectada. Posteriormente se realiza una encuesta epidemiológica para conocer el posible origen y las explotaciones en riesgo por los movimientos de personas y vehículos. Luego se sacrifica todo el censo de animales afectados y se destruye el pienso y demás materiales que puedan vehicular el virus, según la normativa de gestión de subproductos de origen animal Sandach. Junto a ello, se establece una zona de protección que abarca 3 kilómetros y una de vigilancia que llega hasta los 10. Las muestras se envían al laboratorio de sanidad animal de Sevilla y también al central ubicado en Algete (Madrid).

Arenas sostiene que la única manera de que la enfermedad llegue a los humanos es que una persona manipule un ave infectada. «Son aves de traspatio, que se tienen en parcelas y en entornos rurales. Si empiezan a morir el propietario las sacrifica y las despluma; ahí sí hay un riesgo».

También hay riesgo para los trabajadores que manipulan a estos animales en las explotaciones. No obstante, la avicultura actualmente «es una de las ramas de la producción que más industrializada está. Los trabajadores saben perfectamente qué es lo que tienen que hacer y cómo en cada momento del proceso. Tienen material específico de autoprotección y el Servicio Andaluz de Salud (SAS) les hace controles periódicos para monitorizarlos».

No se transmite a través del huevo ni la carne

El Ministerio de Agricultura recalca que la gripe aviar «no puede ser transmitida al hombre a través de carne de ave cocinada, huevos o productos procesados». En definitiva, «su capacidad de transmitirse a las personas resulta muy reducida», aunque recomienda «minimizar el contacto innecesario con las aves que muestren síntomas clínicos o se hallen muertas en el campo». La Consejería de Agricultura, por su parte, asegura que está en coordinación con el Ministerio y con la Consejería de Salud para activar los protocolos, además de abordar tareas de prevención.