Cultura

Indonesia desvela la obra de arte más antigua de la humanidad

Un equipo de arqueólogos halla pinturas con escenas de caza de hace más de 44.000 años en la isla de Sualwesi, más antiguas que las europeas

Nunca estamos preparados para asumir hasta qué punto somos un pestañeo en una historia de evos, no mucho más excepcionales que nuestros bisabuelos de varios milenios atrás. Durante 20 años, Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de Altamira (nombre que sería recordado en cualquier país que se respete a sí mismo y a sus científicos), clamó en el desierto afirmando la increíble antigüedad de las pinturas rupestres de la «Capilla Sixtina» cántabra. Le tomaron por impostor y murió sin reconocimiento alguno. Y, sin embargo, la viejísima Altamira (su Gran Sala está datada en torno al 15.000 a.C.) era solo un «pestañeo» más, una chiquilla. Luego vinieron Lascaux (alrededor de 17.000 a.C.) y, más atrás aún, Chauvet (30.000 a.C.). Hasta aquí si hablamos de arte figurativo, porque si nos ceñimos a cualquier pintura rupestre, el récord de antigüedad regresó a España, a La Pasiega, con 65.000 años de antigüedad, pintadas por los neanderthales.

Ahora, una cueva de nombre impronunciable (Leang Bulu’Sipong 4), en la isla de Sulawesi (Indonesia) viene a reconfigurar la historia del arte rupestre y, de paso, la del propio Homo Sapiens. El hallazgo de pinturas claramente narrativas de caza de hace más de 44.000 años nos colocaría ante las obras de arte figurativas más antiguas de la humanidad. O, por así decirlo, el primer relato, la primera historia narrada sobre las paredes de una cueva. Un cuento de búfalos enanos y hombres con cabezas de animal que demuestra hasta qué punto el pensamiento mágico y conceptual de nuestra especie estaba avanzado en tiempos tan remotos.

Un equipo científico de la Universidad Griffith de Bisbane (Australia) llevaba ya cinco años avisando de que algo muy gordo (muy antiguo, más bien) se cocía bajo tierra en el entorno de Borneo. En diciembre de 2017, un colega indonesio envió al arqueólogo jefe del equipo, Adam Brumm, sentado en su mesa en Brisbane, un mensaje. «Estas imágenes aparecieron en mi iPhone –recuerda en la revista «Nature», donde se han publicado sus conclusiones–. Nunca había visto algo así antes. Hemos visto cientos de sitios de arte rupestre en esta región, pero no una escena de caza». La comunidad científica ha saludado con optimismo pero reservas este hallazgo.

¿Estamos realmente ante una escena figurativa y narrativa de tan remoto origen o se trata de superposiciones más recientes? La cueva Leang Bulu’Sipong 4 supone un nuevo desafío a las ideas establecidas sobre nuestros antepasados y traslada de Europa a Asia el primer balbuceo del arte figurativo.