Marina Abramovic y Ulay: separados por 500 kilómetros

Los dos artistas que fueron en los 70 y 80 la pareja estrella de la performance se encuentran en sendas exposiciones

Entre los grandes eventos artísticos que nos depara el recién estrenado 2020, hay dos exposiciones que deben ser agrandadas por cualquier amante del arte contemporáneo: la que la Royal Academy de Londres dedicará a repasar toda la trayectoria artística de Marina Abramovic; y la que el Steledijk Museum de Amsterdam consagrará a la producción de Frank Uwe Laysiepen –más conocido como Ulay. Aunque cada muestra ofrece en sí misma un interés sobresaliente, la coincidencia de ambas en el tiempo –la primera se inaugura en septiembre, y la segunda en noviembre– constituye una jugosa carambola del destino.

Marina Abramovic y Ulay conformaron la pareja artística más famosa del arte contemporáneo. Entre 1975 y 1988 –año de su ruptura- protagonizaron algunas de las performances más icónicas de la historia. Desde que pusieran fin a su relación, no volvieron a mantener contacto hasta que, en 2010, durante el transcurso de la performance «The Artist os Present», que Abramovic realizaba en el MoMA, Ulay apareció por sorpresa en un emotivo momento que finalizó entre lágrimas y aplausos. Cinco años más tarde, Ulay demandó a su expareja por los derechos de autor de las obras realizadas conjuntamente. Tras el pleito, ambos se reconciliaron y fueron objeto de un documental en el que se exploraba su relación. La exposición que el Steledijk Museum de Amsterdam dedicará a Ulay posee un enorme significado histórico. Su obra siempre ha sido oscurecida por la sombra alargada del estrellato de Abramovic.

En una de las muchas conversaciones que tuve la oportunidad de mantener con él, Ulay me confesaba que disentía del carácter institucional y espectacular que había alcanzado el arte de su otrora compañera. Abramovic, además, comenzó, a finales de los 70, a realizar anotaciones en su diario en las que expresaba su preocupación por los celos que sentía Ulay ante su mayor éxito crítico. La obra creada por Ulay en solitario nunca ha despertado el mismo interés que sus performances con Abramovic: material fundamentalmente fotográfico en el que cuestionaba los límites del género, o planteaba cuestiones de profundo calado político y social. Se trata de un universo más hermético y marginal, de piezas atravesadas por una densidad conceptual con no tanto predicamento entre las masas.

Ahora que la salud de Ulay atraviesa por momentos delicados, y cuando es de justicia restituir la importancia de un corpus artístico como el suyo eclipsado por la mitología que rodea a Abramovic, su exposición en el Steledijk de Amsterdam emerge como una de las grandes citas de 2020. Aunque separados por 500 kilómetros, las vidas de Abramovic y a Ulay volverán a coincidir en el tiempo.