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Agua cruda: La moda de beber agua sin tratar, un riesgo para la salud

La creencia falsa de que su estado «natural» les proporciona más beneficios expone a quien la consume a numerosas enfermedades

  • Foto: Dremstime
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25 de junio de 2018. 21:07h

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Eva S. Corada Madrid. 25/6/2018

Alrededor de 842.000 personas de países de ingresos bajos y medios mueren cada año como consecuencia de la insalubridad del agua y de un saneamiento y una higiene deficientes según datos de la Organización Mundial de la Salud. Una situación que contrasta con algunas tendencias que se están poniendo de moda en Occidente, donde se renuncia voluntariamente a este lujo por pura excentricidad.

Hablamos del auge del consumo de la llamada «agua cruda», nombre con el que se denomina a aquella sin tratar y, por tanto, sin depurar cogida directamente de la Naturaleza. Con lo que ello conlleva. Porque enfermedades como el cólera, la disentería, el tifus o la polio (por citar sólo algunas) se transmiten a través del agua. No potable, por supuesto.

«El agua cruda no tiene garantía ninguna, porque cuando voy al campo, por muy virgen y muy limpio que me parezca el paraje es agua superficial, expuesta a miles de contaminantes y no ofrece garantías», asegura Francisco Maraver, titular de la Cátedra de Hidrología Médica de la Universidad Complutense de Madrid, quien además califica esta práctica de «puro esnobismo».

Pero, ¿qué razones pueden llevar a alguien a querer tomar agua que no ha sido sometida a ningún tipo de control sanitario? La respuesta se fundamenta en la falsa creencia de que lo «natural» supera los beneficios de los alimentos tratados. Una peligrosa tendencia que se engloba dentro de lo que se podría llamar como moda antiprogreso (y en la que se incluye también el movimiento antivacunas).

El perfil de las personas que optan por su consumo tendrían la falsa creencia de que contiene minerales beneficiosos para su salud, pero la realidad es que estas sustancias pueden obtenerse por otras vías, ya que se encuentran presentes en otros alimentos y sin necesidad de ponerse en riesgo: «Se piensan que con esta práctica mejoran su sistema inmune, pero en realidad nada de esto está demostrado, lo que sí está claro es que los beneficios se mantienen en el agua tratada y que la aparición de procesos infecciosos tras consumir agua no potable es evidente», señala el presidente de la Asociación de Microbiología y Salud (AMYS), Ramón Cisterna.

Y es que, por muy cristalina que nos pueda parecer a la vista «el agua sin procesar contiene microorganismos que pueden producir infecciones y algunos minerales que pueden ser tóxicos, lo que reduce las condiciones de seguridad –explica el doctor Cisterna–. Bacterias como E.coli, Salmonella, protozoos como Giardia y amebas pueden producir infecciones gastrointestinales de distinto nivel y gravedad». «Aunque sea un Parque Natural en el agua pueden encontrarse restos orgánicos, o algún animal ha podido hacer sus necesidades en ella y contaminarla», añade Maraver, que también es presidente del comité científico del Instituto de investigación Agua y Salud (IIAS).

Minerales y de grifo

De hecho, aquellos que quieran disfrutar de todas las propiedades de las aguas «naturales» lo pueden hacer a través de las numerosas opciones embotelladas que se pueden encontrar en el supermercado: desde las más económicas a las más exclusivas las aguas minerales no dejan de ser, a fin de cuentas, «agua cruda», pues se obtienen a pie de manantial y no reciben ningún tipo de tratamiento químico. Sin embargo, presentan una diferencia fundamental: los controles de calidad. Y es que el agua mineral natural es uno de los productos alimentarios más controlados y reglamentados en cuanto a seguridad, información al consumidor y calidad tanto en España como en el resto de la Unión Europea.

Además, «un manantial está filtrando de forma natural el agua durante años, décadas incluso en algunos casos, tiene controles analíticos directamente desde donde está embotellada, y mantiene su composición inalterable. Ése es el milagro, que no cambia», cuenta Jesús Román, presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca), y secretario general del comité científico del IIAS.

Es lo que se llama el ciclo hidrológico. El agua de las precipitaciones se filtra lentamente por las rocas de la montaña y comienza su viaje subterráneo en el que va adquiriendo los minerales que la convertirán en única y determinará su composición, pues no hay dos aguas minerales iguales. Por último, llegará a un acuífero, ubicado en el subsuelo, que la protegerá de la contaminación.

A la pureza en origen se le suma la de su envasado a pie de manantial con condiciones higiénicas extremas, motivo por el que no requiere ningún tratamiento químico ni bacteriológico, dado que está libre del riesgo de contaminación.

Otro de los argumentos a favor de consumir el «agua cruda» se basa en la desconfianza de la calidad del agua de red, es decir, la que llega a nuestras casas cuando abrimos el grifo. ¿El motivo? La adición de productos, como el cloro, que garanticen su salubridad, o el estado de las tuberías de distribución.

«Perfecto no hay nada. Pero tratar el agua o añadirle cloro es el mal menor. Es eso o tener diarrea –asegura Román–. También depende del agua porque, por ejemplo, en Madrid se añade poca cantidad porque la calidad es muy buena, pero a lo mejor en otras localidades hay que usar más. En algunos países también se le añade flúor por una cuestión de política sanitaria (con el fin de evitar la aparición de caries), pero en España se hace muy poco. Algún ayuntamiento lo hizo, pero son casos aislados».

«Es un servicio público y un producto diferente del envasado. Depende del lugar en el que se está, pues puede proceder de diversos ríos o de una planta desaladora, y contiene más de 87 elementos químicos, plaguicidas y bacteriológicos. Eso sí, es garantía absoluta de salubridad», coincide Maraver, quien explica que, para garantizar su calidad, se hacen «más de 700.000 análisis» para conseguirlo.

Buenos hábitos

En cualquier caso lo que es seguro es que una correcta hidratación resulta vital para el buen funcionamiento del organismo en general. Y es que estar deshidratado, aunque sólo sea en un 1% o un 2%, hace más difícil llevar a cabo satisfactoriamente los procesos de recuperación de información y la resolución de problemas, sobre todo los complejos o los que requieren habilidades psicomotoras, asegura Silvia Álava, psicóloga del Centro de Psicología Álava Reyes.

Para hidratarse lo mejor es beber agua, a la que «no es recomendable añadirle nada», explica Román, porque su función tan sólo es la de hidratar, tal y como ya especifica la Organización Mundial de la Salud. Por ello, adquirir buenos hábitos para lograr una hidratación adecuada es fundamental, y con este fin se presentó esta semana la «Guía de la Hidratación», elaborada por el IIAS, en la que se establecen unas pautas básicas para conseguirlos en base a cuatro consignas: frecuencia, cantidad, modo y calidad.

Así, y según los expertos, hay que tomar agua en intervalos regulares, unos 330 ml. cada dos horas aproximadamente. En cuanto a la cantidad, se recomiendan entre dos y dos litros y medio de agua al día para las mujeres y entre dos y medio y tres para los hombres, ambos bajo condiciones normales de actividad y temperatura.

Además, una buena costumbre a la hora de ingerirla es hacerlo despacio, en pequeños sorbos, y con una temperatura entre 10 y 15 grados para favorecer su absorción. Por último, la guía insiste en que el agua que mejor calidad tiene es la mineral natural, si bien el «valor añadido» que ésta aporta en forma de oligoelementos, por ejemplo, es tan sólo una opción que dependerá de cada uno.

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