La dieta atlántica hace la competencia a la mediterránea

La gastronomía gallega reduce la grasa corporal y previene los riesgos cardiovasculares

  • “Es una dieta altamenta hidrocarbonada y acompañada de vegetales” | Dreamstime
    “Es una dieta altamenta hidrocarbonada y acompañada de vegetales” | Dreamstime

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16 de mayo de 2019. 16:37h

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Pedro del Corral 16/5/2019

La previsión está clara: España será el país del mundo con mayor esperanza de vida en 2040. Para entonces, los españoles vivirán una media de 85,8 años, se trasladarán a los principales focos urbanos y comerán un poco mejor que ahora. Algo que, por el momento, parece casi imposible: el país ya es el más saludable del mundo y, en cierto modo, gracias a la laureada dieta mediterránea que tanto han intentado imitar en otros territorios. Para unos es la panacea de la longevidad, para otros una forma más de vida. De hecho, siempre se ha escuchado que «en el norte se come mejor» y lo cierto es que los datos lo avalan: la dieta atlántica es una de las más salubres del mundo, pues garantiza la frescura de los alimentos, prioriza el uso de ingredientes naturales e incentiva el mayor consumo de pescado. Así lo corrobora una estudio de la Universidad de Oporto, en el que se subraya que si los gallegos son los ciudadanos con mayor calidad de vida de Europa es, precisamente, por su alimentación.

Ésta se basa en hortalizas, verduras y legumbres complementadas por frutas, pescados y crustáceos, a lo que hay que sumar un consumo moderado de cerdo y huevos. «Se trata de productos de proximidad y de temporada», recalca Santiago Delgado, tecnólogo de los alimentos y experto en innovación dietética de la clínica Santa Marta de La Coruña. Sin embargo, la principal diferencia con el régimen que impera en la cuenca del Mediterráneo se encuentra en la mayor ingesta de pescado, marisco, ternera y leche de la zona. «No sólo es importante lo que comemos, sino también cómo lo comemos. En Galicia, siempre ha existido la tradición de degustar con calma la comida y, lo más importante, en familia. La suma del factor nutricional y del estilo de vida convierten a este régimen una opción más saludable».

Sus beneficios ya han sido testados en La Estrada (Pontevedra), donde se coordinó un ensayo clínico entre 2013 y 2016. En él, participaron 720 personas divididas en un grupo de intervención (123 familias) y otro de control (127). Esta iniciativa surgió del trabajo de la delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que investiga las moléculas funcionales autóctonos gallegos como las berzas, los grelos, las nabizas, los mirabeles, distintos tipos de vino, queso típico, las habas y los mejillones de la ría. Durante seis meses, prestaron educación nutricional y asesoramiento gastronómico, tras los cuales pudieron comprobar varios efectos positivos en su salud: una disminución de la concentración de colesterol de 5,4 miligramos por decilitro; una reducción del LDL de 3,6 miligramos por decilitro; y una pérdida media de peso de 1,2 kilogramos. En cada uno de los casos no comieron menos, sino que lo hicieron mejor. Un ejemplo de ello es la reducción significativa en la ingesta calórica, que fue de 189 kilocalorías al día en el grupo de intervención y de 120 en el de control. En comparación con el valor inicial, el consumo de grasas saturadas y de colesterol disminuyó de forma destacada: 4,4 y 34 miligramos, respectivamente.

Con esta dieta altamente hidrocarbonada y acompañada de vegetales, el índice glucémico es más bajo que otros regímenes. Esta característica es muy adecuada en casos de diabetes y en aquellos donde se requiera la pérdida de peso, como sobrepeso u obesidad, ya que se controla mejor la sensación de apetito. Pese a que al principio se midió con cautela su posible influencia en el colesterol por el alto consumo de mariscos, análisis posteriores han verificado los beneficios de la dieta atlántica en el control de sus niveles. «Si se siguen estas pautas, se consigue rebajar el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca, la resistencia a la insulina y las subidas de la tensión arterial», explica Laura Cabanillas, nutricionista del Centro Vida de Pontevedra. Tal es así que esta zona geográfica presenta una de las tasas más bajas de fallecimiento por enfermedad cardiovascular de todo el continente.

De ellos, los orensanos, son los que más tiempo viven. Por lo general, son los únicos que superan los 83 años en el caso de los hombres y los 86 en el de las mujeres. De hecho, es la única provincia sin costa en la que se registra la menor diferencia en tiempo de esperanza de vida entre los dos sexos. «Las personas mayores son más susceptibles de padecer estas enfermedades. Éstas no pueden resolverse por completo, pero sí paliarse adaptando sus menús». Este planteamiento ya se está probando en Narón. Allí, el médico del centro de salud del municipio coruñes, Carlos Piñeiro, se ha propuesto adelgazar al pueblo 100.000 kilos en el plazo de dos años, a través de la alimentación saludable y la actividad física diaria que plantea la dieta atlántica. ¿El objetivo? Que esa «liguilla del adelgazamiento» no sólo sea una oportunidad para perder peso, sino también para adoptar hábitos culinarios más provechosos.

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