Abre el primer showroom de tejido ecológico de España

La moda «Slow» saca pecho en Gran Vía con algodones orgánicos de tres colores, cueros veganos y hasta el primer encaje de bolillos del mundo de seda vegetal

  • El uso de fibra biodegradable, disolventes orgánicos o encajes de bolillo ecológicos conviven en las nuevas creaciones con cueros vegetales o materiales elaborados a partir de residuos orgánicos.
    El uso de fibra biodegradable, disolventes orgánicos o encajes de bolillo ecológicos conviven en las nuevas creaciones con cueros vegetales o materiales elaborados a partir de residuos orgánicos. /

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12 de abril de 2019. 12:41h

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Eva Martínez Rull Madrid. 12/4/2019

Acaban de abrir en Gran Vía, la calle del «fast fashion» por antonomasia de Madrid, y pueden presumir de ser el primer showroom de tejidos ecológicos y sostenibles de España. El equipo de Slow Fashion Next, Blanca Gómara y Gema Gómez da respuesta en este espacio a la demanda de proveedores y diseñadores de moda sostenible: encontrar telas provenientes de todo el mundo en un único punto.

En sus estantes exponen 500 muestras etiquetadas siguiendo tres parámetros de sostenibilidad: «el medioambiental, el social y el económico. La parte ecológica solo significa que no tiene sustancias tóxicas, pero no te garantiza cómo están los derechos humanos de las personas implicadas en la cadena», comenta Gómara, directora del centro. Eso explica que además de las certificaciones trabajen en relación directa con cada productor para asegurar la transparencia y trazabilidad de cada tejido. Esta forma de operar que acaban de lanzar junto a Nike España para hacer prendas elaboradas con una hilatura vegetal biodegradable, llamada Greencel proveniente de bosques FSC, es decir, gestionados de forma responsable. «Es una fibra que se puede volver a disolver y no hace falta poner fibra pura para que tenga calidad. El disolvente es orgánico y se recupera el 98% tras el proceso. Las grandes marcas se interesan por lo que hacemos. Sobre todo quieren formación para sus diseñadores, porque no se trata de conocer los materiales sino de entender toda la vida útil de la prenda y olvidar la palabra residuo», dice Gómara.

Otro de los inventos salidos de las mentes del equipo es el encaje de bolillos de Camariñas eco. Será el primero del mundo hecho en esta seda vegetal y llega para cubrir un gran vacío del que se lamentan los jóvenes diseñadores: la falta de acabados como cierres, cremalleras o botones sostenibles. Además de potenciar la innovación en la artesanía, se estimula el empleo local.

«La industria está en Europa, sobre todo de cara al consumidor final, pero los productores siguen estando en terceros países; la mayor parte del algodón orgánico viene de Turquía, India y Brasil. La lana merina viene de Australia, cuando lo curioso es que su origen está en la Península, donde se ha perdido la producción», explica Gómara. En España, la industria de los tejidos «eco», lucha por abrirse hueco y recuperar su anterior brillo. Es el caso de la lana merina, pero también del lino e incluso del PET de botellas recicladas. «Por ejemplo el piñatex o cuero vegetal se termina en la Comunidad Valenciana. El fieltro de piña se hace en Filipinas pero se acaba aquí», dice Gómara.

«Hace 5.000 años el algodón era blanco, rojo y hasta rosa», afirma Santi Mallorquí, director de Organic Cotton Colors. Esta firma española produce hilo y ropa en algodón verde, marrón y crudo que llega de cultivos de estas variedades de pequeños productores de Brasil. Cuentan con certificación propia, que suma al sello internacional Gots (la certificación más conocida exige el cultivo ecológico y no transgénico) la obligación de que no se produzca en monocultivo y provenga de agricultores familiares propietarios de la tierra.

El proyecto Ekolino intenta recuperar la producción de lino en País Vasco. Desde hace tres años cuentan con unas cinco hectáreas cultivadas con las que trabajan talleres de hilanderas artesanas.

Bacterias tejedoras

El laboratorio Fabtextiles de Barcelona lleva a la vanguardia la experimentación en tejidos. Trabajan con Kombucha, también llamada bioleather, un cuero vegetal que se realiza a partir de un hongo. «Puede ser moldeado, cortado con láser, se puede coser. Está ya comercializado y una parte que difiere del cuero de animal es que si los pones en el campo es biodegradable», explican Bárbara Sánchez, miembro del Fablab .

Otro concepto en el que trabajan es el del traje de cenicienta, para el que usan bioplásticos, con una base aglutinante que puede ser de origen animal con gelatina o vegetal como las algas, los almidones de maíz o la sémola de arroz. Una vez que la prenda llega al final de su vida útil se puede cocinar y volver a dar forma en un nuevo traje. Pero lo más interesante es que se pueden realizar con residuos de comida de la misma cafetería del Fabtextiles o las pieles de fruta de los coles. «Con procesos de deshidratación de naranja, café o crustáceos se obtiene el tejido. Ahora hemos llegado a un acuerdo con un restaurante para crear telas a partir de estos desechos orgánicos. También con un jardín botánico para devolver a la naturaleza las telas usadas en forma de compost».

Aquí no se deja nada al azar, por eso para tintar apuestan por telas impregnadas con comida para bacterias que emiten colores durante la digestión.

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