Asesinatos en el mar

«Japón, que casi siempre incumplió las normas, declaró que en julio de 2019 reanudará la caza comercial de ballenas»

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Catedrático de Estructura Económica. Cátedra Jean Monnet.

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08 de enero de 2019. 17:41h

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Ramón Tamames Catedrático de Estructura Económica. Cátedra Jean Monnet. 8/1/2019

Las ballenas son cetáceos muy diversos: rorcuales, cachalotes, orcas, azules y grises, belugas, jorobadas, boreales, enanas, francas, etc. Desde España, su caza se inició en el siglo XI, por los vascos, que navegaban por el Atlántico Norte, combinando su captura con ciertas pesquerías, hasta Terranova. Después casi todos los países ribereños buscaron, masivamente, la grasa y la carne de estos gigantes del mar.

Con la llegada de los arpones explosivos, en el último tercio del siglo XIX, se pusieron en peligro de extinción. Y sólo tras numerosas vicisitudes, en 1946 se creó la Comisión Ballenera Internacional (CBI, IWC en inglés), para garantizar la supervivencia de estos grandes mamíferos, parte esencial del ecosistema marino mundial.

Por un acuerdo en 1983 de la CBI, se decidió prohibir la caza comercial de la ballena. Y en 2001 Brasil llegó a proponer la creación de un Santuario del Atlántico Sur, que tendría 20 millones de km2 de mares (tres más que toda Rusia). Pero su definitivo establecimiento no resultó factible, por no reunirse el necesario 75% de los votos de la organización.

Actualmente la situación se agrava. Porque Japón, que casi siempre incumplió las normas de la CBI, declaró, en noviembre pasado, que en julio de 2019 se retirará de la CBI para reanudar la caza comercial. A lo que se opone la mayoría, y sobre todo dos naciones del sur, Australia y Nueva Zelanda.

La retirada de Japón, que tal vez iría seguida de otros países, haría que la CBI quedara como un organismo inoperante. Lo que sería una auténtica tragedia para la vida de los océanos. «Whaling is murder», la caza de ballenas es asesinato, decían los australianos en 1979, según lo que yo leí durante mi primera visita a esa gran isla-continente. Ahora, la frase puede ser otra vez verdad, si para la defensa de la ballena no se sanciona severamente a Japón con la obligada Ley del Mar en la mano.

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