Autoconsumo eléctrico

En 2015, el RD de Autoconsumo fijó costes para los productores de electricidad con instalaciones por encima de los 10 kW. Nace así el impuesto al sol

  •  Ya podemos regular el consumo con nuestra producción
    Ya podemos regular el consumo con nuestra producción /

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08 de abril de 2019. 11:42h

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Ramón Tamames 8/4/2019

Ahora todo suena estupendo: autoconsumo eléctrico, producción fotovoltaica, paneles de gran eficiencia, costes decrecientes y rendimientos crecientes. Sin impuesto al sol y con posibilidades de verter excedentes a la red, y tomar kilowatios de ésta si hay necesidades mayores a la producción. ¡Qué bien! Ya podemos regular el consumo con nuestra producción. Montar una estalación mayor o menor en la casa, o en la finca para elevar agua del pozo, según las propias previsiones. Pero todo esto no siempre fue así­. Hubo un tiempo, antes de 2010, en que se preconizó públicamente fomentar la producción de renovables, y sobre todo de fotovoltaicas, con tarifas especiales que aseguraban la rentabilidad. Y miles de familias, por lo menos 60.000, instalaron huertos solares, merced a los ahorros propios, o con créditos bancarios, a base de hipotecar propiedades, empezando por la propia casa.

Y poco después, con el aumento del déficit de tarifa -que llegó a más de 30.000 millones de euros-, se redujeron las cuotas de las fotovoltaicas hasta menos de la mitad de lo inicialmente ofrecido, para así­ reducir ese colosal quebranto. Ocasionado sobre todo por las jugosas tarifas de las nucleares y otros generadores energéticos del oligopolio eléctrico. Y siguió la situación casi de quiebra o de ruina de los huertos solares, por una polí­tica de los sucesivos gobiernos -socialistas y populares- de falta de seguridad jurí­dica, con efectos retroactivos más que duros para quienes habí­an invertido años antes. Un fraude desde los propios poderes públicos, que todaví­a no ha sido subsanado, y que el Tribunal Supremo vino a legitimar inesperadamente (cuatro votos a favor y tres en contra). Cuando en los arbitrajes internacionales del Banco Mundial se fallaba a favor de los denunciantes de la polí­tica falaz del Gobierno. Queda todaví­a por recompensar a las ví­ctimas de esas polí­ticas retroactivas y, si no es en España, tendrá que ser por la Jurisdicción de la UE. Al tiempo.

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